
Entre Veredas
Marco Antonio Lizárraga
“Hay que acostumbrarse a vivir con los enemigos, ya que no a todos podemos hacerles nuestros amigos”, Alexis Tocqueville (1805-1859) Político e historiador francés.
EN LA MIRA
Hablar de Paloma Sánchez únicamente como una política joven sería reducir un perfil que comienza a adquirir una dimensión más compleja dentro de la oposición sinaloense. Su edad, preparación académica, capacidad de comunicación y presencia en redes sociales forman parte de su presentación pública, pero no explican por sí solas su crecimiento ni garantizan que pueda convertirse en una opción competitiva rumbo a 2027.
La verdadera discusión alrededor de la senadora debe centrarse en otra pregunta: ¿Paloma Sánchez representa solamente el relevo generacional del PRI o tiene las condiciones para construir un liderazgo político que trascienda al propio partido?
La diferencia es fundamental. El PRI puede nombrarla candidata y presentarla como su rostro renovado. Pero convertirse en una alternativa para Sinaloa requiere algo más profundo: identidad propia, territorio, estructura, narrativa, credibilidad y capacidad para relacionarse con sectores que desde hace años dejaron de votar por el tricolor.
Una carrera construida desde el centro
Paloma Sánchez no surgió originalmente de las estructuras territoriales tradicionales del PRI en Sinaloa. Su trayectoria se desarrolló principalmente en espacios nacionales: trabajó en el Gobierno federal durante la administración de Enrique Peña Nieto, ocupó responsabilidades en comunicación institucional del partido y posteriormente llegó a la Cámara de Diputados por la vía de representación proporcional.
Su formación también responde a un perfil técnico y político diseñado para el ejercicio institucional. Es licenciada en Administración de Empresas, cuenta con estudios de posgrado en Gobierno y Políticas Públicas y tuvo preparación en mercadotecnia política. Esa combinación le ha permitido entender la comunicación como una herramienta central de la competencia pública.
En 2024 dio un paso distinto. Dejó de depender exclusivamente de una posición plurinominal y participó en la elección al Senado por Sinaloa. La coalición integrada por PRI, PAN y PRD obtuvo alrededor del 25 por ciento de los votos, resultado que le permitió acceder a la Cámara alta como senadora de primera minoría. Es decir, no ganó la elección, pero sí obtuvo la representación correspondiente a la segunda fuerza electoral del estado.
Ese dato debe analizarse con cuidado. Su llegada al Senado le otorgó legitimidad electoral, pero los votos obtenidos no pueden atribuirse exclusivamente a su figura. Fueron el resultado de una coalición opositora, de las estructuras partidistas participantes, del voto contrario a Morena y de una campaña compartida.
Por lo tanto, Paloma Sánchez posee una base electoral comprobable, pero todavía necesita demostrar cuánto de ese respaldo le pertenece verdaderamente y cuánto correspondió a las siglas que la acompañaron.
Su mayor fortaleza: comunica con claridad
En una oposición frecuentemente atrapada entre discursos antiguos, mensajes técnicos y confrontaciones poco atractivas, Paloma Sánchez ha entendido que la política actual se comunica con ideas sencillas, imágenes directas y emociones reconocibles.
No suele construir mensajes largos para explicar cada problema. Prefiere convertir asuntos complejos en frases fáciles de reproducir. En materia de seguridad, por ejemplo, su narrativa ha buscado colocar en el centro el miedo, las desapariciones, los homicidios, la pérdida de empleos y la alteración de la vida cotidiana en Sinaloa. Su comunicación no se dirige solamente a quienes siguen el debate legislativo, sino a quienes padecen las consecuencias de la crisis.
Ese manejo de la comunicación es una ventaja. Mientras otros actores opositores reaccionan a la agenda del gobierno, ella intenta producir imágenes, datos y mensajes que circulen en medios y redes sociales. Su presencia pública ha estado especialmente vinculada con la exigencia de paz, la crítica a la estrategia de seguridad y la denuncia de los costos económicos y sociales de la violencia.
Sin embargo, la comunicación también puede convertirse en una debilidad cuando supera al contenido político. Una cosa es lograr que un mensaje se vuelva visible y otra construir una percepción duradera de capacidad para gobernar. Las redes generan conocimiento, pero no necesariamente confianza. Pueden posicionar un nombre, aunque difícilmente sustituyen al territorio y a la estructura.
El riesgo para Paloma Sánchez consiste en ser percibida como una comunicadora eficaz de la crisis, pero no todavía como una dirigente capaz de resolverla.
Una identidad ligada a Alejandro Moreno
Existe otro elemento que no puede omitirse. Parte importante de su trayectoria nacional se construyó dentro de la dirigencia encabezada por Alejandro Moreno Cárdenas. Sánchez ocupó responsabilidades de comunicación institucional del PRI y ha sido identificada como un perfil cercano al presidente nacional del partido.
Esa relación le ha abierto espacios importantes. Le permitió adquirir visibilidad nacional, integrarse a la Cámara de Diputados y consolidarse como una de las figuras jóvenes promovidas por el Comité Ejecutivo Nacional. En marzo de 2026, el propio dirigente priista volvió a colocarla entre los cuadros que podrían competir por la gubernatura de Sinaloa.
Pero ese respaldo tiene un costo.
Alejandro Moreno es una figura que genera división incluso dentro del PRI. Para algunos militantes representa resistencia frente a Morena; para otros, es responsable de prolongar la crisis, las rupturas internas y la pérdida de competitividad del partido. En ese escenario, la cercanía con la dirigencia nacional puede ayudar a Paloma Sánchez a conseguir una candidatura, pero también puede limitar su crecimiento entre ciudadanos que buscan una oposición distinta.
Su reto no necesariamente consiste en romper con Alejandro Moreno, sino en dejar claro que su liderazgo no depende únicamente de él. Paloma necesita demostrar que posee criterio propio, agenda propia y capacidad para tomar decisiones aun cuando estas no coincidan completamente con los intereses nacionales del partido.
Mientras sea vista como “la candidata de Alito”, su techo político dependerá del tamaño actual del PRI. Cuando consiga ser identificada simplemente como Paloma Sánchez, comenzará a construir una posibilidad diferente.
La renovación enfrenta el peso de las siglas
La senadora representa una generación distinta, pero carga con la marca de un partido histórico. Esa contradicción será una de las principales tensiones de su proyecto.
Paloma Sánchez puede hablar de renovación, futuro y nuevas formas de hacer política; sin embargo, lo hace desde el PRI, organización asociada durante décadas con prácticas que una parte importante de la sociedad decidió rechazar. Morena construyó buena parte de su crecimiento sobre el señalamiento de corrupción, privilegios y falta de sensibilidad atribuidos a los antiguos gobiernos priistas.
Por ello, renovar el rostro no será suficiente. El electorado difícilmente creerá en una transformación profunda si observa detrás de la candidata a los mismos grupos, intereses y personajes que condujeron al partido a perder la confianza ciudadana.
Su desafío consiste en realizar una separación selectiva: aprovechar la estructura, experiencia y memoria territorial del PRI, pero evitar que los sectores más desgastados se conviertan en propietarios visibles de su proyecto.
No puede renunciar a la organización que necesita para competir, pero tampoco puede permitir que esa organización defina completamente su identidad.
Ahí se encuentra una de las decisiones más difíciles de su futuro político: utilizar al PRI sin quedar atrapada en el PRI.
Una oposición que todavía no termina de reconocerse
Paloma Sánchez busca proyectarse como una de las voces más visibles contra el oficialismo, pero todavía no puede asumirse automáticamente como la jefa de la oposición sinaloense.
Existen otros actores con experiencia, estructura y aspiraciones. Mario Zamora conserva reconocimiento electoral después de haber competido por la gubernatura en 2021. El PAN posee bases propias en determinados sectores urbanos y empresariales. Movimiento Ciudadano pretende presentarse como una alternativa ajena tanto a Morena como al PRI. También existen organizaciones ciudadanas que desconfían de todos los partidos.
La senadora deberá competir en dos pistas simultáneas. Primero, dentro de la oposición, para convertirse en el perfil capaz de articularla. Después, contra Morena y sus aliados.
Su principal problema es que una oposición fragmentada puede producir múltiples candidatos conocidos, pero ninguna alternativa verdaderamente competitiva. Si PRI, PAN y Movimiento Ciudadano avanzan por caminos separados, cada uno defenderá su identidad, aunque todos podrían terminar favoreciendo al partido gobernante.
Paloma Sánchez necesitaría demostrar capacidad para dialogar con fuerzas que no necesariamente confían en el PRI. Esa tarea exige moderación, generosidad política y disposición a compartir decisiones. No bastará con solicitar el respaldo de otros partidos; tendrá que hacerlos sentir parte de un proyecto común.
La candidatura puede obtenerse mediante acuerdos partidistas. El liderazgo opositor, en cambio, solamente se consigue cuando los demás aceptan seguirlo.
Seguridad: su mejor narrativa y su mayor responsabilidad
La crisis de seguridad le ha permitido encontrar una causa política con enorme capacidad de conexión social. La senadora ha colocado de manera recurrente el tema de la violencia en su agenda y ha vinculado los homicidios, desapariciones y pérdidas económicas con la falta de resultados gubernamentales.
Su primer informe legislativo reportó la presentación de 32 iniciativas y su actividad en el Senado ha incluido asuntos relacionados con agricultura, vivienda, seguridad y problemáticas específicas de Sinaloa. También forma parte de la Comisión de Agricultura, un espacio relevante para una entidad cuya economía mantiene una fuerte dependencia del sector primario.
Pero la seguridad es el tema que más puede impulsar o desgastar su proyecto.
Denunciar la violencia es legítimo y políticamente rentable, pero llega un momento en el que la sociedad exige conocer la alternativa. ¿Qué haría distinto? ¿Cómo fortalecería a las policías municipales y estatales? ¿Cuál sería su relación con las Fuerzas Armadas? ¿Cómo recuperaría las comunidades desplazadas? ¿Qué estrategia aplicaría frente a las desapariciones, la extorsión y el control territorial ejercido por grupos criminales?
Mientras esas respuestas no se desarrollen, su narrativa seguirá dependiendo de los errores del gobierno. Podrá crecer como una voz de inconformidad, pero no necesariamente como una opción de gobernabilidad.
Para dar el siguiente paso debe pasar de la denuncia de la violencia a la presentación de una doctrina propia de seguridad y construcción de paz.
El Senado como plataforma, no como destino
El Senado le ofrece una plataforma privilegiada. Desde ahí puede intervenir en debates nacionales, cuestionar al Gobierno federal, presentar iniciativas y mantener presencia mediática. Su cargo tiene duración suficiente para conservar vigencia incluso después de la elección estatal de 2027.
No obstante, el Senado también puede alejarla de la vida cotidiana de Sinaloa. La política nacional suele concentrarse en declaraciones, votaciones y disputas partidistas que resultan distantes para los ciudadanos. Para alguien con aspiraciones estatales, el riesgo es convertirse en una figura ampliamente conocida por los medios, pero débilmente conectada con las comunidades.
La construcción territorial no consiste solamente en recorrer municipios durante una precampaña. Implica establecer relaciones permanentes con productores, pescadores, comerciantes, mujeres, jóvenes, empresarios, colectivos de búsqueda, transportistas, trabajadores y organizaciones sociales.
En el caso de Paloma Sánchez, el territorio es más importante que una nueva aparición en tribuna. Su futuro no se definirá por el número de videos que publique, sino por la cantidad de personas dispuestas a defender su proyecto cuando ella no se encuentre presente.
Su condición de mujer: ventaja, símbolo y exigencia
Paloma Sánchez puede beneficiarse de una transformación real en la política mexicana: las mujeres ocupan cada vez más espacios de poder y su presencia ha dejado de entenderse como una excepción.
En el PRI sinaloense no aparece actualmente otra mujer con su nivel de posicionamiento nacional, acceso a medios y posibilidad de competir por la gubernatura. Ese elemento la vuelve especialmente valiosa para un partido que necesita presentar una candidatura capaz de simbolizar renovación.
Sin embargo, su condición de mujer no puede utilizarse únicamente como argumento electoral. Tendrá que construir una agenda que conecte con las realidades de las sinaloenses: violencia familiar, feminicidios, desapariciones, precariedad laboral, cuidados, acceso a la salud, oportunidades económicas y participación política.
Ser la mujer mejor posicionada de su partido no garantiza representar a las mujeres del estado.
Para convertir ese atributo en fortaleza política necesita pasar de la representación simbólica a una agenda concreta que permita reconocer qué cambiaría para ellas bajo su liderazgo.
El problema de la experiencia ejecutiva
Una de sus debilidades más evidentes es la falta de experiencia como titular de un gobierno municipal, estatal o de una dependencia con responsabilidades operativas de gran escala.
Ha trabajado en la administración pública, fue diputada federal y actualmente es senadora. Conoce la comunicación gubernamental, el trabajo legislativo y la dinámica nacional. Pero no ha tenido que administrar directamente una ciudad, enfrentar una crisis desde un gabinete propio, coordinar corporaciones de seguridad o ejercer un presupuesto estatal.
Sus adversarios pueden utilizar ese vacío para cuestionar si está preparada para gobernar una entidad con problemas tan complejos como Sinaloa.
Ella tendría que responder construyendo un equipo técnico sólido y desarrollando propuestas suficientemente específicas. También deberá demostrar capacidad para tomar decisiones, no solamente para comunicar posiciones.
La experiencia legislativa permite conocer las leyes. La experiencia ejecutiva obliga a resolver los problemas. Esa será una de las dudas que deberá despejar.
Una candidatura posible, pero no inevitable
Dentro del PRI, Paloma Sánchez aparece como una de las posibilidades naturales para 2027. Su edad, género, cargo, reconocimiento y cercanía con la dirigencia nacional la colocan en una posición favorable.
Pero la candidatura no está resuelta.
El partido tendrá que decidir si apuesta por la renovación representada por Paloma Sánchez, por la experiencia electoral de Mario Zamora o por una negociación más amplia con otras fuerzas opositoras. También deberá analizar si la elección exige una mujer, si existirá coalición y qué perfil posee mejores condiciones para atraer votos fuera del priismo.
Paloma tiene una ventaja: representa futuro frente a dirigentes identificados con etapas anteriores. Pero también enfrenta una desventaja: todavía no ha probado que pueda transformar reconocimiento mediático en una estructura política estatal.
No es una candidata improvisada, pero tampoco es todavía una candidatura inevitable.
Lo que necesita construir
Paloma Sánchez ya tiene nombre, cargo y exposición. Lo que necesita ahora es profundidad.
Necesita una causa que vaya más allá de oponerse a Morena. Requiere una narrativa que explique qué Sinaloa propone construir, no solamente qué gobierno quiere sustituir. Tiene que presentar soluciones para la seguridad, el campo, la pesca, el empleo, el turismo, la infraestructura, el agua y la relación con el Gobierno federal.
También debe construir independencia política sin desconocer al partido que la llevó al Senado. Necesita territorio sin abandonar la plataforma nacional. Debe utilizar su juventud como símbolo de cambio, pero rodearse de experiencia. Requiere firmeza para ejercer la oposición, aunque sin quedar limitada a la confrontación.
Sobre todo, necesita generar una emoción distinta al enojo.
El enojo puede provocar un voto de castigo. La esperanza, la confianza y la certidumbre son las que construyen una mayoría.
La verdadera prueba
Paloma Sánchez se encuentra ante una oportunidad que pocos perfiles de oposición poseen. Es senadora, tiene reconocimiento, domina la comunicación y pertenece a una generación que puede presentarse sin cargar personalmente con todas las decisiones de los antiguos gobiernos priistas.
Sin embargo, todavía no puede decirse que haya consolidado un liderazgo estatal propio.
Hasta ahora ha demostrado capacidad para posicionarse, confrontar y permanecer en la conversación. El siguiente paso será probar que puede convocar, organizar y gobernar.
Su futuro dependerá de si logra trascender tres límites: la dependencia de Alejandro Moreno, el techo electoral del PRI y la imagen de una política eficaz para comunicar, pero todavía sin experiencia ejecutiva.
Si supera esos obstáculos, podría convertirse en una alternativa real para la oposición sinaloense. Si no lo hace, corre el riesgo de ser una candidata competitiva dentro del PRI, pero insuficiente para conquistar a un electorado que hace tiempo dejó de creer en las siglas.
La pregunta ya no es si Paloma Sánchez puede ser candidata. Esa posibilidad existe y es evidente.
La pregunta verdaderamente importante es si puede construir algo más grande que su partido.
