
Por: EL Economista
Eduardo Ruiz-Healy
La encuesta de Reuters levantada del 13 al 17 de julio entre 32 economistas en México, Estados Unidos y Europa bajó a 1.1% la previsión de crecimiento para México en 2026 y a 1.8% la de 2027. El FMI, en su actualización del 8 de julio, calcula 1.2% para este año. La OCDE, en su informe de junio, 0.8%. Son cifras que muestran un crecimiento mediocre con estabilidad aparente.
El T-MEC sigue vivo, pero la certeza que lo hacía valioso se erosiona. Esta semana México y EU realizan en Ciudad de México la tercera ronda bilateral de la Revisión Conjunta, lo que confirma una relación ya en negociación permanente. El acuerdo, vigente hasta 2036, sigue dando acceso preferencial a Estados Unidos, pero si cada año Washington renegociaautos, acero, agricultura, China, seguridad económica y reglas de origen, la inversión deja de planear a 20 años y empieza a esperar.
Esa espera ya tiene un costo, aunque haya buenos datos reales. La inflación anual bajó a 3.37% en junio. El empleo formal ante el IMSS llegó a 22.8 millones de puestos. El salario base promedio se ubicó en 669.1 pesos diarios. Todo eso importa, pero no basta. En el primer semestre sólo se crearon 262,628 empleos formales de los 600,000 necesarios. Hay más estabilidad que dinamismo.
La inversión muestra el problema. En abril la formación bruta de capital fijo creció 4.0% mensual. Pero una empresa automotriz, de autopartes, acero, dispositivos médicos o electrónica no decide una planta por un buen mes, lo decide con horizontes de 10, 15 o 20 años. Opta por esperar si no sabe qué exigirá Donald Trump el año entrante, si habrá nuevos aranceles o si el acceso al mercado estadounidense dependerá de concesiones políticas.
La industria ya resiente la situación. En mayo la actividad industrial cayó 0.8% mensual. El indicador oportuno del Inegi anticipó un avance anual de apenas 1.1 por ciento. La economía no está detenida, pero tampoco arranca.
El sector automotriz es el mejor termómetro. En junio México produjo 354,221 vehículos ligeros, 3.3% más que en mayo, pero exportó 301,009, 1.7% menos. Frente a junio de 2025, la señal fue más preocupante: la producción cayó 1.9% y las exportaciones 9.2% por ciento. No es desplome, pero tampoco fortaleza. Es un sector estratégico que produce mucho, exporta menos y opera bajo la presión de aranceles, reglas de origen e incertidumbre comercial. No se puede exigir certidumbre mientras se castiga a quien la sostiene.
El Mundial tampoco cambió las cosas. Banorte calcula su aportación al PIB entre 0.4 y 0.5%, Banamex en 2,000 millones de dólares y Deloitte en 100,000 empleos temporales. Al final, el verdadero partido se juega en el T-MEC: México no perdió el tratado, pero sí su activo más valioso, la certeza.
El T-MEC permanece vigente hasta 2036, pero vigente no significa blindado. En esta ronda México debe lograr que la revisión anual del T-MEC no se convierta en un mecanismo permanente de presión, pues entonces dejaría de ser plataforma de largo plazo y se volvería permiso renovable.
México necesita defender el T-MEC como ancla de inversión, lo que exige firmeza negociadora, menos incertidumbre interna y seguridad jurídica. El riesgo no es que el tratado desaparezca mañana sino que siga existiendo, pero deje de convencer a quienes deben invertir hoy.
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