
Entre Veredas
Marco Antonio Lizárraga
“Las tres cuartas partes de las locuras no son sino necedades”, Chamfort (1741-1794) Académico francés.
IGUALDAD DE OPORTUNIDADES
Hay quienes intentan reducir el proceso interno de Morena en Sinaloa a una lista de favoritos. Sin embargo, la realidad política parece contar una historia distinta.
A dos semanas de haber iniciado los recorridos territoriales ordenados por el Comité Nacional de Elecciones, los 13 aspirantes mantienen actividad permanente en prácticamente todas las regiones del estado. Ninguno ha sido descartado, ninguno ha abandonado el proceso y todos siguen construyendo presencia política bajo las reglas establecidas por el partido.
Esa es la primera lectura.
La contienda sigue completamente abierta.
Existe una percepción de que el proceso se definirá por quién logra reunir más asistentes en una asamblea. Esa visión resulta simplista.
La dinámica que ha seguido Morena deja ver que la evaluación es mucho más amplia.
Cada reunión con empresarios, pescadores, agricultores, sindicatos, mujeres, jóvenes, profesionistas o habitantes de colonias populares constituye una muestra de organización política, capacidad de convocatoria y presencia territorial.
No es casualidad que prácticamente todos los aspirantes hayan diversificado sus agendas.
Mientras unos fortalecen vínculos con el sector productivo, otros privilegian el trabajo comunitario o el contacto directo casa por casa.
Trece estrategias distintas
Las actividades de los aspirantes muestran que cada uno intenta construir un perfil propio.
Imelda Castro ha privilegiado recorridos domiciliarios y encuentros ciudadanos, insistiendo en la defensa de los programas sociales, los derechos de las mujeres y la organización territorial.
Graciela Domínguez ha abierto espacios de diálogo con empresarios, transportistas, comerciantes y organizaciones sociales, apostando por la interlocución con los sectores productivos.
Estrella Palacios ha desarrollado una intensa agenda en colonias populares y comunidades rurales, insistiendo en el relevo generacional y en la organización desde el territorio.
María Teresa Guerra ha colocado como eje el liderazgo femenino, reuniéndose con mujeres empresarias, organizaciones civiles y diversos sectores sociales.
Rodolfo Valenzuela ha construido un discurso alrededor de la soberanía nacional, la seguridad y el desarrollo regional, recorriendo municipios del centro y norte del estado.
Gerardo Vargas Landeros ha puesto sobre la mesa su experiencia en materia de seguridad pública, sosteniendo reuniones con trabajadores de la salud y diversos grupos ciudadanos.
Ricardo Madrid insiste en que el trabajo, la palabra y los resultados pesan más que los discursos.
Por su parte, Kristiam Espinoza ha desarrollado uno de los recorridos territoriales más amplios, acumulando decenas de asambleas y visitas casa por casa en municipios urbanos, serranos y costeros.
Al mismo tiempo, Jesús Fernando García Hernández, Jesús Ibarra Ramos, Omar López Campos, Lucila Ayala de Moreschi y Tomás de Jesús López Bajo mantienen presencia territorial con estrategias propias, fortaleciendo estructuras y llevando el mensaje de la Cuarta Transformación a distintas regiones del estado.
La disciplina también se evalúa
Hay un dato que pocos han observado.
Hasta ahora, prácticamente ningún aspirante ha convertido el proceso en una confrontación pública.
No existen descalificaciones abiertas entre ellos.
Todos hablan de unidad.
Todos respaldan a la presidenta Claudia Sheinbaum.
Todos defienden la soberanía nacional.
Todos promueven los logros de los gobiernos emanados de Morena.
Lejos de parecer un discurso uniforme, esa disciplina puede ser uno de los aspectos que también observa la dirigencia nacional.
Porque Morena no sólo elegirá a quien tenga mayor nivel de conocimiento.
También necesita a quien pueda mantener unido al movimiento rumbo a la elección constitucional de 2027.
Otro elemento que mantiene abierta la competencia es que el proceso aún no entra a su fase decisiva.
Morena prevé realizar un primer filtro para reducir la lista de aspirantes y, posteriormente, definir a quienes participarán en la medición final mediante encuestas. Mientras esa etapa no concluya, los trece perfiles permanecen formalmente en competencia.
Por eso nadie baja el ritmo.
Las agendas se intensifican.
Las asambleas aumentan.
Los recorridos se multiplican.
Y los mensajes buscan conectar con sectores específicos de la población.
En política suele decirse que las campañas comienzan mucho antes de que aparezcan las boletas.
En Morena ocurre algo similar.
Cada reunión, cada recorrido y cada asamblea forman parte de una evaluación permanente.
No sólo se mide popularidad.
Se observa capacidad de organización.
Se analiza operación política.
Se revisa disciplina.
Se valora la interlocución con la sociedad.
Y, sobre todo, se identifica quién ofrece mayores condiciones para mantener cohesionado al movimiento.
Por eso resulta prematuro hablar de vencedores.
La política interna de Morena rara vez se resuelve por percepciones.
Se define cuando la dirigencia nacional concluye que un perfil reúne las condiciones para encabezar el proyecto.
Hasta entonces, la lectura política es clara.
Los trece siguen caminando.
Los trece siguen siendo evaluados.
Y los trece conservan posibilidades reales de convertirse en la o el coordinador estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Sinaloa.
¿REGRESO?
En política, los silencios suelen durar poco. Y cuando se rompen, abren paso a nuevas interpretaciones.
La reaparición pública del gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, después de más de dos meses alejado de la vida pública, reactivó una pregunta que desde hace semanas circulaba en los corrillos políticos: ¿está preparando su regreso al Gobierno del Estado?
Hasta hoy, la respuesta institucional sigue siendo la misma: no existe un anuncio oficial de que haya solicitado reincorporarse al cargo. Tampoco el Congreso del Estado ha informado haber recibido alguna comunicación en ese sentido y no existe una resolución judicial que le impida, o que le ordene, volver al Ejecutivo.
Sin embargo, la rumorología ha cobrado fuerza por varios factores.
El primero fue su mensaje en redes sociales, donde aseguró permanecer en Culiacán, negó contar con protección federal y defendió su inocencia frente a los señalamientos formulados por autoridades estadounidenses.
El segundo surgió este fin de semana, cuando el dirigente nacional del PAN, Jorge Romero Herrera, afirmó que Morena y el Gobierno Federal estarían preparando las condiciones para facilitar su regreso. Se trata de un posicionamiento político de la oposición, no de un hecho confirmado.
En el fondo, la discusión tiene una explicación jurídica sencilla: la licencia de Rocha Moya fue temporal. Eso significa que, en términos legales, conserva la posibilidad de reincorporarse si decide hacerlo y si no existe algún impedimento legal sobrevenido.
Pero la política rara vez se mueve únicamente por lo jurídico.
Un eventual regreso tendría efectos inmediatos en el escenario estatal: modificaría el equilibrio del poder dentro de Morena, reconfiguraría la sucesión política rumbo a 2027 y colocaría nuevamente a Rocha Moya como un actor con capacidad de influencia en las decisiones del partido.
Por ahora, todo permanece en el terreno de las versiones.
La realidad es que no hay un regreso anunciado, pero tampoco un escenario que pueda descartarlo.
Y mientras esa definición no llegue, la especulación seguirá ocupando el espacio que dejan los silencios oficiales.
marcoantoniolizarraga@entreveredas.com.mx
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