
Entre Veredas
Marco Antonio Lizárraga
“La forma más común de la desesperación es no ser quien eres”, Sören Aabye Kierkegaard (1813-1855) Literato y filósofo danés.
NUEVA RUTA
Mientras Morena concentra los reflectores con el registro de trece aspirantes a la Coordinación Estatal en Defensa de la Transformación y Soberanía Nacional, existe un movimiento que, lejos del ruido mediático, comienza a construir una estrategia distinta. No busca protagonizar la agenda diaria ni entrar en la confrontación política que domina el escenario estatal. Su apuesta parece ser más silenciosa, pero no por ello menos interesante.
Movimiento Ciudadano atraviesa un momento de redefinición en Sinaloa.
Con la llegada de Sergio “Pío” Esquer Peiro a la coordinación estatal, el partido naranja parece haber dejado atrás la lógica de esperar los tiempos electorales para comenzar a moverse. Lo que se observa hoy es un trabajo de organización territorial, de reconstrucción de comités municipales y de búsqueda de perfiles que puedan convertirse en una oferta competitiva para la elección de 2027.
La diferencia con otros partidos es evidente. Mientras unos discuten candidaturas, Movimiento Ciudadano habla de estructura. Mientras unos concentran sus esfuerzos en posicionar nombres, el partido naranja insiste en construir organización.
No es casualidad.
Es, en realidad, una estrategia que el instituto político ha aplicado en otros estados donde pasó de ser una fuerza marginal a convertirse en gobierno. Jalisco y Nuevo León son los ejemplos más visibles de una fórmula que privilegió primero la consolidación territorial y después la construcción de liderazgos.
La pregunta inevitable es si esa receta puede funcionar en Sinaloa. El contexto es completamente distinto.
Aquí Morena mantiene una hegemonía política pocas veces vista en la historia reciente. Gobierna el estado, posee mayoría legislativa y conserva una presencia territorial que obliga a cualquier fuerza política a replantear su manera de competir.
En ese escenario, Movimiento Ciudadano parece haber entendido que intentar disputar el voto duro morenista sería un error estratégico. Su apuesta es otra. Busca ocupar el espacio que dejaron vacante los partidos tradicionales.
Existe un segmento importante de ciudadanos que no necesariamente se identifica con Morena, pero que tampoco encuentra en PRI o PAN una alternativa que despierte entusiasmo. Empresarios, profesionistas, jóvenes, organizaciones civiles y liderazgos sociales representan un electorado que, aunque disperso, comienza a convertirse en un terreno de disputa política.
Es ahí donde Sergio Esquer intenta posicionar a Movimiento Ciudadano. No mediante discursos estridentes. Sino construyendo relaciones.
Las reuniones con comités municipales, los encuentros con sectores productivos y la incorporación de nuevos perfiles revelan una intención clara: ampliar la base política del partido antes de entrar a la competencia electoral.
Y quizá ahí radique el mayor acierto de esta etapa. Porque si algo ha demostrado la política sinaloense en los últimos años es que las campañas ya no comienzan cuando inicia el proceso electoral.
Empiezan mucho antes. En la construcción de estructuras. En la formación de equipos. En la cercanía con los municipios. En la capacidad para identificar liderazgos locales que puedan representar una opción real para la ciudadanía.
Sin embargo, el camino tampoco está libre de obstáculos. Movimiento Ciudadano enfrenta un reto que va mucho más allá de recorrer municipios o sumar simpatizantes.
Necesita demostrar que puede construir una estructura capaz de competir contra organizaciones que llevan años consolidando presencia territorial. Una cosa es integrar perfiles.
Otra muy distinta es convertirlos en candidaturas competitivas. Y más complicado aún resulta lograr que esos perfiles permanezcan dentro del proyecto cuando aparezcan ofertas políticas de mayor tamaño.
Porque la política también se mueve por expectativas. Y el partido naranja deberá convencer a quienes se acerquen de que existe un proyecto con viabilidad de crecimiento y no únicamente una plataforma testimonial.
Otro aspecto que merece atención es el momento político que vive Morena.
La competencia interna por la gubernatura inevitablemente dejará actores inconformes. No todos obtendrán la candidatura. No todos encontrarán espacios de participación.
Y es precisamente en ese escenario donde Movimiento Ciudadano puede encontrar una oportunidad.
No necesariamente mediante el reclutamiento de figuras desplazadas, sino aprovechando el reacomodo político que suele producir toda sucesión gubernamental.
Las grandes transformaciones partidistas casi siempre nacen en esos momentos de redefinición. Hoy el partido naranja parece apostar a convertirse en un receptor de nuevos liderazgos.
Pero esa estrategia también exige prudencia. Porque incorporar personajes únicamente por su capital electoral puede terminar diluyendo la identidad que el propio Movimiento Ciudadano intenta construir.
El equilibrio entre crecimiento e identidad será uno de los principales desafíos para Sergio Esquer. Hasta ahora, la ruta elegida parece privilegiar la organización sobre la improvisación.
Y eso representa un cambio importante respecto a procesos anteriores. Mientras otros partidos aceleran la discusión sobre candidaturas, Movimiento Ciudadano parece concentrado en fortalecer los cimientos de su proyecto político.
Quizá esa diferencia pase desapercibida para muchos. Pero en política, las estructuras suelen pesar más que los discursos. Falta mucho para 2027. La gubernatura todavía parece una meta lejana.
Sin embargo, las elecciones no se ganan únicamente durante las campañas. Se construyen desde ahora. Municipio por municipio. Comité por comité. Perfil por perfil.
Y en ese tablero, Movimiento Ciudadano decidió recorrer un camino diferente.
Si esa ruta terminará convirtiéndose en una verdadera alternativa para Sinaloa o quedará solamente como un esfuerzo de reorganización partidista, será algo que el tiempo y las urnas responderán.
Por lo pronto, mientras todos observan la intensa competencia que vive Morena, quizá convenga mirar también hacia el otro extremo del tablero.
Porque, en ocasiones, las jugadas más importantes no son las que hacen más ruido, sino aquellas que se construyen en silencio y cuyos efectos sólo se comprenden cuando la partida ya está avanzada.
PRIMER PASO
En política, los procesos internos comienzan mucho antes de que aparezcan las encuestas. Empiezan con las señales. Y Graciela Domínguez Nava decidió enviar la primera.
Su regreso a Culiacán, después de registrarse como aspirante a la Coordinación Estatal en Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, no fue únicamente una recepción de simpatizantes en el aeropuerto. Fue una demostración de organización política.
Horas después encabezó su primera Asamblea Informativa. No dejó pasar tiempo. El mensaje fue claro: la campaña interna ya comenzó.
Mientras algunos aspirantes regresaron a reorganizar sus equipos, Graciela decidió salir inmediatamente a territorio. No es un movimiento menor.
En Morena, donde la competencia se define mediante encuestas y percepción política, la capacidad de movilización continúa siendo un activo importante. Nadie gana una encuesta únicamente con estructuras, pero tampoco se construye percepción sin presencia territorial.
La diputada federal con licencia conoce esa lógica. Su discurso también estuvo cuidadosamente construido. No habló de aspiraciones personales. Insistió en que se trata de un proyecto colectivo.
Se presentó como una militante más del movimiento y recordó episodios que marcaron buena parte de su trayectoria política: la defensa de derechohabientes del Infonavit durante los gobiernos panistas y el acompañamiento a las familias desplazadas por la construcción de la presa Picachos.
No fueron referencias improvisadas. Con ellas buscó reforzar una narrativa que ha acompañado su carrera: la de una política formada en las causas sociales antes que en la administración pública.
En un proceso donde competirán perfiles con distintos perfiles —legisladores, alcaldes, exfuncionarios y operadores políticos—, cada aspirante intentará diferenciarse por aquello que considera su mayor fortaleza.
Graciela eligió regresar a sus orígenes. A su historia como activista. Ese puede convertirse en uno de los ejes de su estrategia durante los próximos meses. Pero el aspecto que quizá merece mayor atención es otro.
La recepción en el aeropuerto y la asamblea no necesariamente deben medirse por el número de asistentes.
Su verdadero valor radica en demostrar capacidad de convocatoria apenas unas horas después del registro.
En política, la imagen también comunica.
Y la primera imagen que proyectó Graciela Domínguez fue la de un equipo organizado, dispuesto a salir al territorio desde el primer día del proceso. Eso inevitablemente incrementará la presión sobre el resto de los aspirantes.
Porque ahora cada uno buscará demostrar que también posee estructura, movilización y capacidad para generar presencia política. La competencia interna de Morena apenas comienza.
Y como suele ocurrir en estos procesos, las primeras señales terminan marcando el ritmo de las que vendrán después. Graciela Domínguez dio el primer paso. La pregunta ahora es quién responderá con la siguiente jugada.
CARTAS FUERTES
En El Fuerte, el Partido Verde no llega vacío rumbo al 2027.
Mientras otros partidos todavía buscan perfiles competitivos, el PVEM tiene dos cartas con presencia real: Nubia Ramos Carvajal y Vicente Pico.
La primera aporta experiencia, conocimiento ciudadano y estructura política. Fue alcaldesa de El Fuerte y candidata al Senado por Sinaloa, lo que le permitió mantenerse vigente más allá del ámbito municipal.
El segundo representa un liderazgo más reciente, con perfil ciudadano y recorrido territorial. Como candidato a la alcaldía de El Fuerte, Vicente Pico logró posicionarse y construir una base que hoy lo mantiene en la conversación política local.
Lo relevante es que ambos pertenecen al mismo partido. Eso coloca al Verde en una posición interesante: no depende de una sola figura, sino de dos perfiles que pueden competir, sumar o complementar una estrategia.
Nubia representa oficio político. Vicente representa crecimiento territorial. Y en un municipio donde el voto se mueve mucho por cercanía, presencia y reconocimiento, ambos tienen valor electoral.
El reto para el Partido Verde será administrar esa fortaleza sin convertirla en desgaste interno. Porque tener dos cartas fuertes puede ser ventaja si hay operación política.
Pero también puede ser problema si no hay conducción. Por ahora, el PVEM tiene algo que otros partidos quisieran en El Fuerte: nombres, presencia y posibilidad real de negociación rumbo al 2027.
Y eso, en política, no es poca cosa.
marcoantoniolizarraga@entreveredas.com.mx
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