Entre Veredas

Marco Antonio Lizárraga

“La ambición de poder es una mala hierba que sólo crece en el solar abandonado de una mente vacía”.

CARAS VEMOS

La política en Escuinapa empezó a moverse antes de que el calendario electoral lo permitiera formalmente. La circulación de una lista de posibles aspirantes a la alcaldía no debe leerse como un simple rumor de redes sociales, sino como una señal temprana de acomodos, tanteos, mensajes internos y medición de fuerzas rumbo al 2027.

En municipios como Escuinapa, las listas no aparecen por accidente. Cada nombre que se coloca en la conversación pública busca algo: medir aceptación, provocar reacciones, mandar señales a los partidos o recordarle a los grupos políticos que todavía existe capital social, territorial o económico que puede entrar en juego.

El primer dato relevante es que Morena aparece con la lista más amplia: Carlos Regalado, Malena Hernández, Daniel Uribe, Jorge Hariz Piña, Blanca Alvarado, Trinidad Ibarra Martínez y José Alberto Jaime Ruezgas. Esa amplitud puede interpretarse como fortaleza, pero también como advertencia. Morena tiene presencia, estructura y marca electoral, pero también enfrenta el riesgo de llegar dividido a una elección municipal donde las fracturas internas suelen pesar más que los discursos de unidad.

Carlos Regalado y Daniel Uribe parecen moverse dentro de una lógica de operación política y cercanía territorial. Son perfiles que pueden tener contacto con bases, sectores y grupos locales. No necesariamente representan figuras de gran proyección estatal, pero en una elección municipal eso no siempre es indispensable. En Escuinapa, muchas veces pesa más quién conoce las colonias, las comunidades y los liderazgos naturales que quien aparece mejor posicionado en el discurso partidista.

Malena Hernández y Blanca Alvarado podrían representar una ruta distinta dentro de Morena: perfiles con posibilidad de conectar con un electorado más social, comunitario y ciudadano. En un escenario donde los partidos deberán cuidar la paridad y donde las mujeres tendrán un papel determinante en la definición de candidaturas, sus nombres no pueden verse como secundarios.

Jorge Hariz Piña, por su parte, es un nombre que merece atención dentro de esa lista. Su perfil se mueve más en el terreno de los sectores económicos, sociales y de relaciones locales. En municipios como Escuinapa, ese tipo de figuras puede ser útil cuando los partidos buscan candidatos con presencia más allá de la estructura tradicional. La pregunta es si esa presencia puede traducirse en competitividad electoral, porque una cosa es ser conocido en determinados círculos y otra muy distinta construir una candidatura capaz de caminar todo el municipio.

Trinidad Ibarra Martínez es uno de los casos más interesantes porque aparece mencionado en escenarios del PAN y también dentro de Morena. Eso, políticamente, no es menor. Cuando un nombre aparece en más de una cancha, revela tres posibilidades: capacidad de diálogo transversal, búsqueda de acomodo político o ausencia de definiciones claras dentro de los partidos. En cualquier caso, su nombre muestra que en Escuinapa todavía hay perfiles que pueden ser vistos como competitivos desde distintas trincheras.

José Alberto Jaime Ruezgas parece ubicarse más en una lógica de perfil técnico, administrativo o de operación interna. Ese tipo de cuadros pueden crecer si el ambiente electoral exige experiencia y orden, pero requieren construir narrativa pública. En política, no basta con tener capacidad; también hay que comunicarla.

En el PRI, los nombres de Aida Alduenda, Roy Padilla, Adrián Vizcarra y Francisco Millán Belmonte reflejan a un partido que conserva memoria, cuadros y presencia, pero que enfrenta una pregunta difícil: ¿todavía tiene fuerza para competir por sí mismo o su papel será administrar espacios dentro de una eventual alianza?

Roy Padilla y Francisco Millán Belmonte representan perfiles con experiencia y conocimiento del terreno político. Adrián Vizcarra carga un apellido con resonancia regional, y en municipios como Escuinapa los apellidos todavía pesan. Pero también pueden generar resistencias. Hoy el electorado ya no vota automáticamente por tradición, familia o estructura. Aida Alduenda podría significar una alternativa de renovación dentro de un priismo que necesita figuras menos desgastadas y con mayor conexión ciudadana.

El PAN, con Eleazar Pacheco Polanco y Trinidad Ibarra Martínez, parece enfrentar el dilema de siempre: tiene identidad, tiene electores fieles y puede capitalizar el desgaste de Morena, pero necesita algo más que crítica para crecer. Acción Nacional requiere una narrativa municipal clara, cercana a los problemas cotidianos de Escuinapa, porque la confrontación nacional no siempre alcanza para ganar una alcaldía.

El Partido del Trabajo aparece con Roberto Simental. Su presencia debe leerse dentro de la lógica de las alianzas. El PT puede tener estructura, base y representación, pero su fuerza real dependerá de cómo se acomoden las coaliciones. Si va aliado, puede negociar; si va solo, necesitará demostrar que tiene suficiente arraigo para competir.

El Partido Verde coloca los nombres de Félix Crespo y Lucía Oceguera. El Verde juega una estrategia distinta: crecer, posicionarse y volverse necesario en la negociación. En Sinaloa, este partido ha entendido que muchas veces no se necesita encabezar todas las candidaturas para influir en el resultado. Basta con tener cuadros competitivos, presencia territorial y capacidad de alianza.

Movimiento Ciudadano, con Pablo Contreras y Ana Luisa Bautista, representa quizá el espacio del voto inconforme. Su reto es convertir el desencanto en estructura. MC puede crecer si logra presentarse como una opción fresca frente al desgaste de los partidos tradicionales y las pugnas internas de Morena. Pero para eso necesita algo más que buenos nombres: necesita causa, discurso y presencia real en territorio.

El fondo de esta lista no está en los nombres, sino en lo que revela: Escuinapa no tiene todavía un liderazgo dominante rumbo al 2027.

Y cuando no hay liderazgo dominante, la elección se vuelve más abierta, más intensa y más impredecible.

El ciudadano escuinapense no está observando únicamente quién quiere ser candidato. Está midiendo quién tiene seriedad, quién conoce los problemas del municipio, quién puede ordenar el gobierno, quién entiende el abandono de comunidades, quién puede hablar de servicios públicos, seguridad, desarrollo económico, turismo, pesca, comercio, campo y oportunidades para jóvenes.

Porque gobernar Escuinapa no será tarea sencilla. El próximo alcalde o alcaldesa no llegará solo a ocupar una oficina; llegará a enfrentar rezagos acumulados, exigencias ciudadanas y una población que ya no se conforma con promesas de campaña.

Por eso, el 2027 no debe reducirse a una competencia de nombres. Debe ser una discusión sobre proyectos.

Escuinapa necesita algo más que aspirantes. Necesita perfiles con visión, carácter, sensibilidad y capacidad administrativa. Necesita liderazgos que no vean la alcaldía como premio político, sino como responsabilidad pública.

La lista ya circula. Los grupos ya se mueven. Los partidos ya empiezan a medir.

Pero la ciudadanía también observa.

Y esa será la verdadera prueba para todos: demostrar si quieren gobernar Escuinapa para servir al municipio o si solamente buscan llegar al poder para administrar intereses.

marcoantoniolizarraga@entreveredas.com.mx

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MAY 16 2026

Por elpiripituchi

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