BENJAMÍN BOJÓRQUEZ OLEA

COLUMNA: SOBRE EL CAMINO
Lágrimas de cocodrilo…
El dolor acumulado, la moral y la estulticia viven en Palacio Nacional. La decadencia y los límites han rebasado la conciencia del poder por el poder. Mantener el poder de esa manera fortalece la verdad y la mentira y la simulación la aniquila. Un aspecto discursivo que se puede identificar en el Presidente son lascontradicciones y sus “pausas”, donde, se compromete a proteger a periodistas; sin embargo, utiliza el poder para silenciar voces y puntos de vista diferentes al suyo. Además, de que los mecanismos de protección y defensa siguen sin funcionar correctamente. Lo que sucede en el país actualmente con respecto a la libertad de expresión es una problemática preocupante, ya que esta es un factor decisivopara lademocracia. Sin límites en la forma en la que se desenvuelven los funcionarios públicos, no habrá ninguna defensa que mantenga segura a periodistas y por ende los derechos de la ciudadanía. Sin embargo, las acciones del Presidente sugieren que, a pesar de sudesesperación por eliminar cuestionamientos, el periodismo crítico sigue dispuesto a mantenerse de pie, incomodar al poder y seguir llevando a cabo la labor que mantiene informada a la sociedad. ¿No han notado algo extraño entre las lágrimas de López Obrador a diferencia de otro gobernante de otro país comunista, como Chávez en Venezuela? Pues hay les va. La crítica al llanto de López Obrador me ha parecido simplista y desafortunada. Nada hay de malo en que un Presidente demuestre que puede ser empático. Desde que ocurriera hace ya algunos días, la imagen del Presidente de México derramando lágrimas al recordar las dificultades por las que ha tenido que atravesar su familia durante su ya larga vida de servicio público ha sido objeto de diversas críticas. Hay quien ha comparado a López Obrador con López Portillo. No sé qué tan justa sea esa comparación. Hay de “lágrimas a lágrimas”. Me explico: cuando se meten con un hijo, sin duda no hay comparación alguna, el dolor es inminente. Pero realizaremos una comparación corta y que debería llamar la atención al pueblo mexicano y respectivamente al sinaloense. En general, repito, nada hay de malo en que un Presidente demuestre que puede ser empático. Aquí va dicha comparación: los momentos más poderosos de la presidencia de Barack Obama, por ejemplo, lo vieron derramar lágrimas. Así pasó después de la tragedia de Sandy Hook y la muerte atroz de decenas de niños. Ahí está, quizá, el matiz indispensable. Mientras Obama lloraba por el dolor ajeno, López Obrador llora por el dolor propio. El inmenso contraste con el dolor objetivo y terrible que ha sufrido México durante su gobierno lo deja, también, mal parado. Al Presidente no se le ha visto conmoverse con esta intensidad en ningún momento en los que ha tenido que comentar la muerte de cientos de miles de mexicanos por la pandemia o decenas de miles por la violencia, por la muerte escandalosa de periodistas en lo que va de su sexenio. Enfrentado con las víctimas, ha sido rígido, incluso implacable. De ahora en adelante, quizá sería deseable que el Presidente López Obrador recurra a esa misma reserva de sentimiento que lo llevó a recordar de manera tan emotiva sus propias dificultades cuando tenga frente a sí la realidad mexicana, la que afecta directamente a quienes gobierna. “Tanta hilaridad”.
GOTITAS DE AGUA:
Señor Presidente: usted llora por sus hijos, pero no ha sido capaz de derramar una lágrima por el país. Llora porque fue descubierta la corrupción de su familia, por la debacle de su régimen y el fracaso de su proyecto autoritario. Se sabe derrotado, desenmascarado, y por eso llora. Pero usted no tiene derecho a llorar. No tiene derecho porque ha vestido al país de harapos, ha multiplicado el hambre y nos ha hecho sentir vergüenza por el gobierno que tenemos. Ha convertido la república en un cementerio. Ahí están los niños con cáncer y las victimas del crimen organizado que usted mismo ha cobijado. No es un jefe de estado es un impostor que ha degradado como nadie la investidura presidencial. Por cierto, dígales a sus senadores y a su cuñada Claudia Sheinbaum que usted no es la encarnación de la patria. La mediocridad no es el espejo en el que se quiere mirar a México. La tragedia es estar gobernado por una familia que llegó al poder engañando a todos. Que inventó un exitoso guion donde los actores se vistieron de Morelos y Juárez para decir que representaban a los más pobres. ¡Bravo y mil veces bravo! Solo que ya empezó a caer el telón. Las mansiones de Texas son “la punta del iceberg” de una familia que se beneficia del poder. Que le pregunten a Carlos Romero Deschamps cuánto le costó quedar impune. Siga llorando señor Presidente porque en su régimen el nepotismo y la corrupción alcanzan niveles insultantes. ¡Bravo y otra vez bravo! Creíamos que los hijos de un luchador social estarían en la sierra tarahumara atendiendo a los pobres. Pero ¡oh, sorpresa! Se dedican a hacer negocios con poderosos grupos empresariales. México vive una de sus peores tragedias. Están secuestradas instituciones y democracia. El futuro del país depende de un hombre enfermo y desesperado que ya no piensa bien. El Presidente Andrés Manuel López Obrador llora por él, y yo me pregunto, ¿por México quién llora? Si tienen otros datos, “denle like”. “Si cierran la puerta, apaguen la luz”. “Nos vemos Mañana”…