
¿Por qué los políticos cambian con el poder?
Guadalupe Robles
- Porque solo se sabe qué es el poder, hasta que se tiene. Imaginar el poder no es lo mismo que ejercerlo. La verdadera dimensión de lo que es, se tiene cuando se ejerce. No antes. Nadie sabe realmente qué es el poder hasta que lo tiene. Hasta que se da cuenta de lo que puede y no puede hacer con él. Hasta que sabe cuánto pesa como loza fascinante y terrible. El peso de ella cae de lleno en las fortalezas y las debilidades de la condición humana. Por eso el político cambia. Cambia inevitablemente.
- Porque el poder no es para espíritus débiles. No cualquiera sabe ejercer el poder. Se necesita frialdad y claridad de objetivos. Se necesita experiencia y arrojo. Mucha ambición. Desengaño y pasión. Los débiles no pueden ejercer el poder. O lo ejercen mal. Sobre todo los débiles de espíritu. Los medrosos y los soberbios incautos. Esos que se dejan engañar con las adulaciones, ese bocado exquisito que siempre se ofrece al poderoso.
- Porque el poder no es para oídos frágiles. El oído del político es la principal barrera para su defensa. Por él entrarán mentiras, intrigas y halagos. El político tiene que afinar su oído y blindarlo ante los miedos y la vanidad. Ante ese dardo envenenado que es el halago. Ese punzante puñal de la intriga. El político debe saber que siempre podrá ser manipulado por quienes le rodean y se dicen ser los de sus mayores confianzas.
- Porque el poder nunca es absoluto. El poder se gana, pero también se tiene que sostener. Y compartir. No es solo llegar, sino también mantenerse, les dicen a los artistas. También en la política es igual. El político debe saber que el suyo es uno de los tantos poderes que existen en la vida. Hay que convivir con otros poderes. Algunos no tan efímeros, como lo es el poder político.
- Porque el poder hace perder la dimensión. Uno es lo que es. Pero el poder cambia esa realidad. Vuelve otro a la persona que lo ejerce. Lo hace sentir invulnerable. Sabio y más inteligente que los demás. Es como una cima a la que se sube y de donde todo se ve para abajo. Abajo donde están los demás. El poder no es eterno, pero quien lo tiene piensa que sí.
- Porque el poder aviva los resentimientos. Muy al contrario de lo que pudiera pensarse, el poder reaviva el resentimiento y con ello los deseos de venganza. Una de las fascinaciones que tiene el poder es el poder de la venganza hacia quienes hicieron daño y despreciaron al que hoy tiene el poder. El resentimiento y la venganza son patologías de la política.
- Porque el poder enloquece. Tanto halago, tanta foto, tanto glamur, tantas entrevistas, tantos discursos, tantas éxitos y fracasos que dependen de una decisión, tanta relevancia, hacen del poder un camino casi inevitable a la locura.
Culiacán, Sinaloa, lunes 16 de febrero de 2026.
X @guadalupe2003

FEB 16 2026