
Siete recuerdos de infancia de la Navidad en Culiacán
Guadalupe Robles
Siete recuerdos de infancia de la Navidad en Culiacán.
- Las canciones de navidad. La canción más escuchada en mi infancia, allá a principios de los años 70, fue “Feliz Navidad”, de José Feliciano. Un poco más tarde, llegó el “Burrito Sabanero”, del compositor venezolano Hugo Blanco. Y por supuesto, la más antigua de todas ellas, “Noche de paz”, música compuesta por Gruber a principios del siglo 19 e interpretada por múltiples cantantes. Estas canciones las comenzaban a tocar a finales de noviembre en las consolas de aquel tiempo y en los centros comerciales, y se iban en los primeros días de enero para volver al año siguiente y así sucesivamente hasta hoy.
- La verbena. Se instalaba, en ese entonces, a un lado del Estadio de béisbol Ángel Flores, a principios de diciembre. Había juegos mecánicos, no tan sofisticados como hoy, y una hilera de puestos en los que vendían cacahuates, mandarinas, quequis, churros, cajetas envueltas en madera y papel de china y figuras de luchadores, principalmente de Santo, Blue Demon, Tinieblas y Mil Mascaras. También los emblemáticos juguetes: yoyos, trompos, baleros, petardos, pequeños cuetes-no tan peligrosos como los de hoy-, patines del diablo, pontenis, carretillas de albañil, carritos y muñecas.
- Los supermercados. Solo había dos cadenas de supermercados en ese entonces con unas cuantas tiendas: Casa Ley y Mercados Zaragoza. En diciembre estaban a reventar de clientes ávidos de consumo por la inminente navidad. Había muchos juguetes y grandes filas para pagar en las cajas, pues en estas se tenía que marcar, en un teclado como las antiguas máquinas de escribir, una por una las mercancías. Había generalmente en las entradas alguien vestido de Santa Claus que repartía caramelos.
- Los comerciales de televisión. Los principales comerciales que salían en la televisión eran los de Brandy Presidente, los de la Casa Pedro Domec, Muñecas Lili Ledy, Bicicletas Apache y el infaltable comercial de Coca Cola con su canción: “Quisiera al mundo darle hogar y llenarlo de amor, sembrar mil flores de color en esta Navidad…Hay que compartir el momento feliz, hay que disfrutar la chispa de la vida”
- El mercado Garmendia. Era el encuentro social más importante de Culiacán. Ahí las madres nos llevaban a comprar los preparativos para la cena de Navidad. En las mesas de los hogares se servía pavo, lomo o pierna de cerdo, pozole y menudo. Había también frijoles puercos y sopa fría. En cada hogar se servía de acuerdo con sus costumbres y tradiciones. En el mercado vendían cañas, dulces, frutas y los históricos chocomiles con hielo molido, tal vez el sabor que más recuerdo de mi infancia. Son en mi vida, como la magdalena de Proust.
- La ciudad. El Culiacán de mi infancia en la década de los setenta era una ciudad de cerca de 168 mil habitantes. (Hoy somos un millón). Era todavía una sociedad sin prisas y la mayoría de la población utilizaba el transporte público. En Navidad los programas de radio hacían concursos de regalos, para ver si adivinábamos el nombre de un artista o una canción. Quienes asistíamos al catecismo semanal en nuestra colonia, esperábamos la posada y los regalos que las familias de mayores recursos nos mandaban.
- La cena en casa. Al menos en mi casa, las cenas no eran como las que anunciaban los comerciales en la televisión. No eran mesas impecables y llenas de platillos, ni arbolitos de navidad colmados de regalos. Nos sentábamos cerca de las ocho y siempre cenábamos pollo o carne asada que a nosotros nos encantaba. Luego nos acostábamos temprano para que el supuesto Santa Claus -en el que ya no creíamos- llegara con los deseados juguetes. Toda la noche escuchábamos la música de la banda de otras casas, para quienes la Navidad era fiesta hasta el amanecer.
Culiacán, Sinaloa, lunes 22 de diciembre de 2025.
X @guadalupe2003
