
Siete halagos que no resiste el político
Guadalupe Robles
Siete halagos que no resiste el político.
- El halago de las encuestas. Las encuestas son oráculos extraños. Espacios de respuestas dudosas. Números que se creen y no se creen a la vez. Dioses de la incertidumbre y la manipulación. Pero el político las cree cuando le son favorables. Cuando le conviene creerlas. El político no puede huir del halago de sus números. La verdad no existe como tal. Uno decide qué creer. Las encuestas son un ejemplo.
- El halago de los medios. El halago tiene muchas caras en los medios. A veces hasta el silencio es un halago. El desvío de la atención de las cosas importantes hacia las frivolidades es un halago. También están los halagos abiertos hacia el político sin rubor. Aquellos en que resaltan sus logros, sus bondades y sus atributos personales. Todo juega. El político también termina creyéndose estos halagos.
- El halago de los asesores. Para un político los buenos asesores son los que halagan. Los que siguen la corriente con inteligencia y cierta prudencia. El político poderoso pocas veces se sale de su verdad. Y esa verdad la terminan asumiendo los asesores. Ellos, que deberían poner los pies en la tierra del político, lo elevan del suelo aún más. Y a veces ya no lo pueden bajar.
- El halago de los amigos. Los amigos sinceros pocas veces son requeridos. Incomodan. Estorban. El político quiere de ellos halagos e historias de épocas victoriosas de la escuela y la juventud que no existieron. Los amigos lo saben y terminan adulando al político. Para ganarse sus favores, para seguir conservando su amistad.
- El halago de la burbuja. La burbuja es el círculo que siempre rodea al político. Es el puñado de colaboradores que se adueña de su agenda, de sus fobias y decisiones. Para controlarlo tienen que halagarlo, ahí sí, sin pudor. Inventar enemigos imaginarios. Magnificar las acciones y declaraciones tanto de colaboradores como de adversarios. El halago de la burbuja es al que menos se resiste.
- El halago de su partido. Los partidos son máquinas de halagar a los jefes y a los poderosos. Mientras el político tiene el poder, se escucharán los halagos más exagerados y fuera de lugar en su partido y en sus dirigentes. Y no hay límites. No tienen pudor para decirle al político el halago más inverosímil. Y él de todos modos se lo cree.
- El halago a sí mismo. Nada más peligroso que el ego desbocado. El narcisismo. Todo político es víctima del enamoramiento de sí mismo. De su persona, de su historia magnificada. El autoelogio es lo que más termina alejando al político de la realidad. Por eso termina por no entenderla.

NOV 10 2025