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Siete momentos claves de un jefe de Estado ante una crisis

POLIARQUÍA

Guadalupe Robles
Revertir la crisis. Una crisis es un buen pretexto para poner orden. Es decir, para poner a todos en su lugar. Recordarles su papel y sus responsabilidades. Todo político debe saber darle vuelta a las cosas. Sacar provecho de ellas para justificar sus acciones duras y sus cambios de estrategias. Una crisis es una justificación para cambiar. Para apretar tuercas. Las crisis miden los tamaños de los políticos.
Dar un manotazo en la mesa. Hay que despabilar a los que aún tenían dudas de la autoridad del jefe de Estado. Solo tiene el poder quien lo tiene, no quien lo tuvo. Hay mucho de especulación y nostalgia, de los tiempos idos. Esos no vuelven por más poder que se haya tenido. El jefe de Estado no debe dejarse engañar por ese espejismo. Hay que actuar con inteligencia, pero también con arrojo.
Tomar el mando definitivo. Ha llegado el momento de ya no compartir el mando con el pasado. Siempre sucede en la historia de la política. No se asume el mando completo de manera abrupta, pero es importante que se sepa cuándo es el momento del rompimiento. Las crisis y las imprudencias de los que padecen la nostalgia del poder ido son una buena oportunidad para ello.
No tolerar las imprudencias de los suyos. Pertenecer a una corriente, un gobierno o un partido, no da derecho a los militantes a hacer lo que quieran. Se les protege hasta que no se comprometen las causas mayores. No hay que tolerar los exabruptos individuales. Nadie es Dios. Todo es efímero. Ave de paso, como dice la canción de El Andariego.
No recibir todos los golpes. Sacuda a su gabinete. Sáquelos de su zona de confort. Que den la cara por sus errores y sus evasiones. No dé la cara siempre por todos ellos. Eso desgasta al jefe de Estado, quien tiene que escoger sus batallas y hacer frente a las batallas inevitables. Pero no las de otros.
Recordar a los suyos quién manda. En el poder todos son signos y mensajes. Y memorias. No deje espacios a la imaginación ni de por obvio nada. Aproveche las crisis y a los insensatos para corregir rumbos. No dé por hecho que todos saben quién manda. Usted recuérdeselos con sus acciones. Con su manotazo en la mesa.
No titubear. La política es el arte de la decisión. La principal obligación de un político es decidir. Decida. Atrévase. Y asuma las consecuencias de sus decisiones. No pasa nada. Si yerra, corrige. Pero no titubee.

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Por elpiripituchi

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