PUNTA DE LANZA.

LA LEYENDA DE MI ABUELO.

LA GUERRA DE LOS CIEGUITOS.

Por Armando Ojeda.

Diversas eran las historias, leyendas, cuentos o crónicas que en la lejana época de mi infancia, pude escuchar en boca de mi abuelo.

Era evidente que el baúl donde nuestro patriarca guardaba sus recuerdos, era revisado para extraer y contar las historias que yo le reclamaba.

No me cabe duda que era entretenido el viejo a la hora de exponer sus, para mí, interesantes narrativas.

Hoy, por cierto, viene a mi memoria una de las tantas narrativas contadas por “mi Tata”, misma que me dispongo a compartir con mis escasos pero fieles lectores.

Recuerdo, como si ayer fuera, cuando el viejo jefe de familia, sentado en una silla de madera con asiento de vaqueta, empezó contar lo que dijo había ocurrido en los tiempos de su propia infancia.

Y, Sentado yo a su lado, en un tibio suelo enmarcado por una estrellada noche, cuya hermosa luna iluminaba el patio de nuestra casita de adobe, dispuesto a escucharlo.

Ahí, ante la presencia del padre de mi padre, me dispuse a escuchar una más de sus divertidas historias.

“Todo ocurrió, empezó diciendo el viejo, la tarde de un lejano día, en un pueblito devorado por el tiempo, en que dos hombres también sin nombre, se enfrascaron en una fuerte riña disputándose una supuesta moneda de oro.

Dato interesante que debo señalar, apuntó el historiador, es que los dos hombres en disputa, para su desgracia eran invidentes.

Ambos también, sobrevivían a las necesidades propias de la vida, gracias a la ayuda y caridad de los hombres y mujeres de buena voluntad de aquellos contornos.

Se sentaban los dos humildes personajes, a la orilla de un camino real por donde transitaban hacendados y labriegos de los pueblos, en espera de la ayuda humanitaria.

Solidarios en sus respectivas penas, los dos ciegos, habían decidido instalarse uno al lado del otro, para efectos de compartir en partes iguales lo que los pobladores les ofrecieran.

Todo parecía ir muy bien entre los dos invidentes, hasta que un día, la mente perversa del vago del pueblo, decidió jugarles una mala broma.

Se apersonó el tipo ante los dos humildes hombres, y sin mediar palabra con ellos, solo subió el tono de su voz para decir; “Toma esta moneda de oro, se la reparten entre los dos”.

Lo triste y lamentable, fue que el sujeto aquel, sabedor de que ninguno de los invidentes observaron la escena, se fue sin dejarles nada.

Sin embargo, la mala broma del tipo había sembrado la semilla de un grave problema.

Y es que la bronca habría germinado casi de inmediato, ya que apenas el nefasto sujeto se había alejado unos metros, cuando uno de los cieguitos le dice al otro.

“A ver amigo, pásame la moneda para acariciarla un ratito en mis manos, antes de ir a feriarla”.

“No te hagas pendejo, si la moneda la traes tu” reviro el otro.
“Siempre he sospechado que me has estado chingando en el reparto de la ayuda” fue la encolerizada respuesta.

“No señor… Con esa acusación no me vas a estafar”, respondió el primer reclamante.

“Dame la moneda o te parto la madre” amenazo iracundo el segundo.

“Pues aquí mismo nos la partimos, pero a mí no me robas cabron”.
Y dicho y hecho, pa’ los trompos son las cuerdas”, por lo que, guiados por sus instintos y sus respectivos olores, los dos hombres se trenzaron en fiero combate corporal.

Patadas, manotazos, aruñones y bastonazos era el intercambio entre los citados personajes.

Fue entonces, que un anciano, de sobrada sabiduría pueblerina, observando la escena, pensó como separarlos, sin la posibilidad de recibir algún garrotazo.

Y fue la astucia del anciano caminante lo que finalmente logró terminar con el conflicto aquel.

Y es que, cual narrador de una pelea de Box, el viejo habilidoso, empezó con su letanía.

“Si señoras y señores empezó a vocear… Vea usted que pelea estamos viendo…. Dos tipos embravecidos… Dos guerreros valientes… Dos hombres invidentes enfrascados en fiero combate…
Mire usted que tremenda patada le pega el ciego de la camisa verde al de la chamarra azul… Y que forma de responder del enchamarrado…El reparto de bastonazos está muy fuerte, señores” arengaba el émulo del legendario “Profe Morales”.

Y, en un momento de la narrativa el anciano conciliador, grito en tono alterado…. “CUIDADO, UNO DE LOS CIEGOS SACO TREMENDA Y AFILADA NAVAJA”.

Sobra decir, que ninguno de los peleoneros, traía la famosa navaja, y evidentemente ninguno de los dos, lo sabía.

Lo cierto, narra mi abuelo, fue que ese grito de alerta bastó para que cada uno de los combatientes se levantara apresurado del suelo y saliera corriendo sin rumbo definido.

La pelea había terminado, gracias a la habilidosa ocurrencia del anciano desconocido de haber incluido en su narrativa del combate, una navaja que nunca existió.

LA PARABOLA de esta historia nos enseña que la amistad se debe sustentar en la confianza, y que ningún tipo de codicia o sospecha mal fundada debe destruirla.

LA METAFORA de la historia narrada hace varias décadas por mi abuelo, me serviría asimismo, para exponer una lección a las, y los 13 aspirantes de MORENA a la candidatura del gobierno de Sinaloa.

Y es que todas y todos están enfrascados en una quimera construida por sus propias ilusiones, sueños, esperanzas y fantasías, las cuales en cualquier momento se les esfumara y se convertirá en algo que solo existió en su mente y corazón.

Pero, lo interesante de las cosas, es que, tal y como lo hicieron los cieguitos de mi historia, se están pegando con todo en la lucha por alcanzar un botín que a todas y todos, se les podría convertir en eso… Es decir… En una quimera.

De cualquier manera, ya veremos qué pasa…Por lo pronto, nos veremos enseguidita.

AGO 6 2026

Por elpiripituchi

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