
¿Y DESPUÉS QUÉ CHINGADOS VAN A GOBERNAR?
Mire, no soy estratega de Harvard ni consultor de esos que cobran en dólares por decir lo mismo que dice la señora de la tienda de la esquina. Pero sí hay algo que cualquiera puede entender.
En Sinaloa estamos viviendo una situación complicada, difícil, dolorosa y preocupante. Eso no lo niega nadie. Lo sabe el gobierno, lo sabe la oposición, lo saben los empresarios, lo sabe el vendedor de tacos y hasta el que vende hielitos afuera de la escuela.
Lo que ya no queda tan claro es cuándo algunos dejaron de buscar soluciones y comenzaron a ver la tragedia como un negocio político.
Porque hay quienes se levantan en la mañana, se toman el café, agarran el teléfono y antes de preguntar cómo amaneció Sinaloa, preguntan dónde hay una cámara para salir a declarar que Sinaloa está acabado.
Y ojo.
No estoy defendiendo a nadie.
Porque también hay funcionarios que cuando ven que el barco se está moviendo, en lugar de sacar cubetas para sacar el agua, sacan estadísticas, gráficas, boletines y conferencias para explicarnos que en realidad el barco no se está hundiendo, sino que está teniendo una experiencia acuática diferente.
Pero la oposición tampoco canta mal las rancheras.
Hay algunos que ya parecen corresponsales de guerra internacional.
Los entrevistan en la mañana.
Los entrevistan al mediodía.
Los entrevistan en la tarde.
Los entrevistan en la noche.
Los entrevistan al día siguiente.
Y si no los entrevistan, ellos solos suben el video para entrevistarse a sí mismos.
Parecen promoción de detergente.
Donde quiera aparecen.
Y uno se pregunta:
¿A qué horas trabajan?
Porque para andar en todos los medios nacionales hay que tener tiempo.
Mucho tiempo.
Y también dinero.
Porque aunque muchos espacios son periodísticos y legítimos, mantener una operación permanente de entrevistas, contenidos, asesores, videos, campañas digitales, posicionamientos, monitoreo y guerra política no sale con las monedas que quedaron en el portavasos de la camioneta.
Si alguien quisiera contratar una estrategia nacional de ese tamaño, estaría hablando de millones de pesos.
Millones.
No dos pesos.
No una tanda.
Millones.
Y aquí es donde aparece la pregunta incómoda.
Si tanto dinero, tanto esfuerzo y tanta energía se están utilizando para demostrar que Sinaloa está jodido…
¿Por qué no usan una parte para ayudar a que deje de estarlo?
Imagínese.
Nomás imagine.
Que en lugar de financiar campañas de desprestigio financiaran becas.
Que en lugar de producir videos apocalípticos apoyaran emprendedores.
Que en lugar de comprar pauta digital ayudaran a comerciantes.
Que en lugar de recorrer estudios de televisión recorrieran colonias.
Pero no.
Eso da menos likes.
Eso da menos entrevistas.
Eso da menos aplausos de los grupos políticos.
Y como en este país la tragedia vende más que las soluciones, pues ahí los tiene.
Unos peleándose por demostrar quién tiene más razón mientras la gente lo que quiere es que alguien le resuelva algo.
Lo más curioso es que muchos de los que hoy hablan de recuperar Sinaloa parecen empeñados en destruir cualquier cosa que todavía funcione.
Y aquí viene la pregunta del millón.
Supongamos que mañana ganan.
Supongamos que recuperan el poder.
Supongamos que llegan al gobierno.
¿Y luego?
¿Qué van a gobernar?
Porque si todos los días le dicen al mundo que Sinaloa es un desastre absoluto.
Si todos los días le dicen a inversionistas que aquí no se puede invertir.
Si todos los días le dicen a turistas que aquí no se puede venir.
Si todos los días le dicen a empresarios que aquí no hay futuro.
Entonces cuando lleguen…
¿Qué van a administrar?
¿Las ruinas?
¿Los escombros?
¿Los pedazos?
Porque destruir reputaciones es muy fácil.
Reconstruirlas tarda años.
Y eso parece que algunos todavía no lo entienden.
Creen que el daño solamente le pega al gobernador en turno.
No.
Le pega al restaurantero.
Le pega al hotelero.
Le pega al taxista.
Le pega al comerciante.
Le pega al agricultor.
Le pega al joven que busca empleo.
Le pega a todos.
Porque cuando desde el centro del país escuchan todos los días que Sinaloa es un infierno, no distinguen entre partidos.
No preguntan si eres de Morena, del PRI, del PAN o de Movimiento Ciudadano.
Nomás escuchan “Sinaloa” y empiezan a sacar conclusiones.
Y mientras tanto aquí seguimos viendo cómo unos incendian la casa y otros explican que el humo es percepción.
Un espectáculo digno de Netflix.
Unos con gasolina.
Otros con discursos.
Pero ninguno con un extintor.
Y lo más triste es que la gente ya se acostumbró.
Ya ve una pelea política nueva y ni se sorprende.
Ya ve otra entrevista nacional y ni pestañea.
Ya escucha otro escándalo y sigue comiéndose el taco.
Porque entendió algo que los políticos todavía no entienden.
Que los problemas reales no se resuelven en una mesa de análisis.
No se resuelven en un programa nacional.
No se resuelven acumulando likes.
No se resuelven ganando tendencias.
Se resuelven trabajando.
Palabra que para algunos parece más difícil que aprender chino mandarín en una semana.
Al final, cuando pase la tormenta, cuando se apaguen las cámaras, cuando terminen las campañas, cuando los opinólogos busquen otro tema de moda y cuando los partidos vuelvan a cambiar de discurso como cambian de camisa, Sinaloa seguirá aquí.
La pregunta es quién ayudó a levantarlo.
Y quién se dedicó a vender boletos para ver cómo se caía.
Porque una cosa es criticar.
Otra es exigir.
Y otra muy distinta es hacer negocio político con las desgracias de tu propia tierra.
Y de esos, aunque se enojen, parece que últimamente nos han salido bastantes.
Todo esto según yo, Goyo 310.
Link web …. https://goyo-310.com/y-despues-que-chingados-van-a-gobernar/
