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Los recibos de CFE: el nuevo atraco legalizado

Columna: “Dardos Políticos”
Por: Rosario Antonio Ramírez

Abrir el recibo de la luz se convirtió en un acto de terror para miles de familias mexicanas. Ya no llega un cobro; llega una sentencia. Y mientras el ciudadano apenas sobrevive entre calor, deudas y salarios miserables, la Comisión Federal de Electricidad actúa como cobrador implacable de un gobierno que necesita dinero desesperadamente.

Porque esa es la realidad que nadie quiere admitir: al gobierno federal ya no le alcanza. Las becas, los apoyos sociales, las obras faraónicas y las campañas permanentes cuestan miles de millones de pesos. Y alguien tiene que pagar la cuenta.

¿Quién? El mismo ciudadano al que le prometieron bienestar.

El mecanismo es perverso y cada vez más evidente. Te entregan apoyos, pensiones y becas con una mano, pero con la otra te vacían el bolsillo mediante cobros impagables, tarifas elevadas y servicios deficientes. Es el nuevo fondo revolvente del poder: “te doy dinero… para después quitártelo”.

La gente ya no pregunta cuánto llegó. Pregunta cómo demonios lo va a pagar.

Y la CFE, fiel a su costumbre, siempre tiene una excusa lista: que consumiste más, que el calor aumentó la demanda, que el medidor funciona bien, que la tarifa es correcta. Argumentos sobran. Soluciones nunca.

Lo más indignante es el trato al usuario. Primero te obligan a pagar y luego, si quieres, reclamas. Primero deposita y después averigua si el cobro estaba mal. Una lógica abusiva que deja al ciudadano completamente indefenso frente a una empresa que opera con poder absoluto.

Ir a las oficinas de CFE es entrar a un laberinto burocrático donde nadie resuelve nada. Filas eternas, respuestas mecánicas y funcionarios que parecen entrenados para desgastar al usuario hasta que se rinda y pague.

Mientras tanto, el discurso oficial presume bienestar social y transformación histórica. Pero en las calles la realidad es otra: familias empeñando dinero para no quedarse sin luz, adultos mayores usando su pensión para cubrir recibos inflados y trabajadores que deben elegir entre comprar comida o encender el aire acondicionado.

Porque en estados donde el termómetro rebasa los 40 grados, la electricidad dejó de ser un lujo hace mucho tiempo. Es una necesidad básica para sobrevivir. Pero desde el escritorio del poder parece que eso importa poco.

El verdadero problema no es solo el recibo. Es el cinismo. Es vender ayudas sociales mientras al mismo tiempo se exprime a la población mediante cobros que asfixian la economía familiar.

Y cuando un gobierno comienza a depender del bolsillo exhausto de su gente para sostener su narrativa política, el riesgo ya no es financiero. Es social.

Los recibos de CFE están haciendo algo que la oposición no ha logrado: encender el enojo ciudadano.

¡Es cuanto!

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Por elpiripituchi

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