Screenshot

Entre Veredas

Marco Antonio Lizárraga

“¡Caer está permitido. Levantarse es obligatorio!”, Proverbio ruso

REALIDADES

En política, los partidos rara vez desaparecen de golpe. Primero pierden figuras, luego estructura, después narrativa y finalmente relevancia. El Partido Acción Nacional en Sinaloa parece atravesar precisamente esa etapa intermedia donde todavía conserva presencia pública, pero ya no posee el músculo político que alguna vez lo convirtió en una fuerza competitiva en el estado.

El PAN sinaloense vive hoy una contradicción profunda: es quizá la oposición más visible frente al oficialismo, pero al mismo tiempo carece de liderazgos plenamente consolidados que puedan encabezar una verdadera disputa por el poder en 2027.

Durante años, Acción Nacional construyó figuras con identidad propia. El panismo tuvo perfiles con peso electoral, estructura territorial y reconocimiento ciudadano.

Nombres como Heriberto Félix Guerra, Juan Pablo Yamuni, Xénen Xóchihua, Martín Pérez Torres, Carlos Felton, Emilio Goicoechea, Alejandro Higuera Osuna o Martín Heredia Lizárraga lograron, en distintos momentos, conectar con sectores sociales, empresariales y urbanos que encontraban en el PAN una alternativa política clara.

Hoy ese escenario es distinto.

El partido conserva presencia institucional, sí, pero enfrenta una evidente reducción de cuadros competitivos.

La salida de perfiles que optaron por otros proyectos partidistas, como Domingo “Mingo” Vázquez en el norte del estado, terminó exhibiendo una realidad incómoda: muchos actores políticos ya no consideran que la marca PAN, por sí sola, garantice viabilidad electoral.

Y eso es quizá el principal síntoma de desgaste.

Cuando un partido deja de ser vehículo y se convierte en carga, las figuras comienzan a tomar distancia.

En medio de ese vacío emerge Wendy Barajas Cortés, actual dirigente estatal, como la figura más visible del panismo sinaloense. Su papel ha sido relevante porque logró algo que parecía complicado hace apenas algunos años: devolverle presencia mediática al PAN.

Mientras otros partidos opositores parecían dispersos o ausentes, Wendy Barajas asumió el discurso de confrontación institucional contra Morena y particularmente contra el gobierno estatal.

Seguridad, legalidad, crisis institucional y gobernabilidad se convirtieron en parte central de su narrativa política.

Pero el reto del PAN no es solamente mediático.

La verdadera pregunta es si esa exposición puede convertirse en estructura, operación electoral y competitividad territorial.

Porque el problema del panismo sinaloense no radica únicamente en la ausencia de candidatos fuertes.

El problema es más profundo: no existe todavía una narrativa política suficientemente sólida que logre entusiasmar al electorado fuera del voto tradicional opositor.

Durante mucho tiempo, el PAN encontró respaldo natural en sectores empresariales, clases medias urbanas y grupos conservadores.

Sin embargo, Morena modificó el mapa político nacional y estatal, absorbiendo incluso parte de esos sectores mediante programas sociales, estructura territorial y un discurso de cercanía popular.

Eso dejó al PAN atrapado en un espacio complejo: demasiado institucional para el voto antisistema y demasiado debilitado para representar una alternativa de poder inmediata.

Por eso el panismo sinaloense parece hoy más concentrado en resistir que en conquistar.

En municipios como Mazatlán aún existen liderazgos con presencia pública, pero muchos han optado por construir capital personal antes que fortalecer al partido. El caso de Guillermo “Memo” Romero es ilustrativo. Aunque logró posicionamiento regional y presencia social importante en el sur del estado, él mismo ha descartado públicamente aspiraciones políticas inmediatas.

Y ese fenómeno se repite constantemente en la oposición.

Hay actores visibles, pero pocos dispuestos a asumir plenamente el costo de encabezar un proyecto partidista debilitado.

La principal figura visible actualmente es Wendy Barajas Cortés. Desde la dirigencia estatal ha logrado reposicionar mediáticamente al partido y convertirse en una de las voces más activas de la oposición sinaloense.

Su perfil mezcla experiencia partidista, presencia en Mazatlán y una narrativa institucional enfocada en legalidad, seguridad y contrapesos al oficialismo. Incluso dentro del propio PAN ya se le menciona como posible aspirante rumbo a 2027.

Sin embargo, el PAN sinaloense todavía depende mucho de liderazgos regionales más que de una estructura estatal consolidada. Ahí aparece Roxana Rubio Valdez, quien conserva influencia interna y operación política especialmente en el centro del estado.

Roxana representa el ala tradicional del panismo sinaloense: estructura, militancia y control territorial dentro del partido. Sigue siendo una figura con peso en las decisiones internas y en la definición de candidaturas.

Además, el PAN enfrenta otro desafío silencioso: la falta de renovación generacional contundente. Existen perfiles jóvenes dentro del partido, pero todavía no aparece una figura capaz de unificar al panismo estatal y proyectarse hacia amplios sectores ciudadanos.

Mientras Morena mantiene control institucional, territorial y presupuestal, el PAN apenas intenta reorganizarse internamente.

Sin embargo, también sería un error minimizar completamente al panismo.

La historia política de Sinaloa demuestra que los escenarios pueden cambiar rápidamente cuando coinciden desgaste gubernamental, crisis de seguridad y fracturas internas del poder. Y justamente ahí parece apostar Acción Nacional: a convertirse en receptor del voto de desencanto.

La pregunta es si eso será suficiente.

Porque las elecciones de 2027 podrían no definirse solamente por la fortaleza de Morena, sino por la capacidad de la oposición para construir una candidatura creíble, competitiva y emocionalmente conectada con el electorado.

Y ahí el PAN enfrenta su dilema central.

Ir solo podría condenarlo a una competencia testimonial.

Ir en alianza implicaría ceder protagonismo, pero aumentar posibilidades reales.

En los pasillos políticos ya se entiende que el futuro inmediato del panismo sinaloense probablemente no dependerá exclusivamente de cuadros tradicionales, sino de la posibilidad de respaldar perfiles ciudadanos, empresariales o incluso figuras externas capaces de capitalizar el desgaste político acumulado.

Porque el PAN de hoy ya no es aquel partido dominante en ciertos corredores urbanos del estado. Tampoco es el partido competitivo que disputaba gubernaturas desde una narrativa propia.

Es, más bien, una fuerza política en reconstrucción.

Una oposición que intenta mantenerse viva mientras busca un nuevo rostro, una nueva narrativa y quizá una nueva razón para volver a competir seriamente por el poder en Sinaloa.

Hay que recordar que en una conferencia de prensa el mismo Jorge Romero, dirigente nacional, dijo en Mazatlán que necesitan candidatos ciudadanos, y con justa razón las figuras políticas dentro de Acción Nacional están desgastadas o están por entrar en un desfase político preocupante. 

marcoantoniolizarraga@entreveredas.com.mx

Facebook,Instagram y X: PeriodistaMarco

MAY 13 2026

Por elpiripituchi

Fundador y Creador del Sitio