
Ignorancia útil: el combustible silencioso del poder
Columna: “Dardos Políticos”
Por: Rosario Antonio Ramírez
“La ignorancia del pueblo no es un fracaso del gobierno, sino una estrategia deliberada”, lanza Noam Chomsky. Y aunque incomode, vale la pena mirarla de frente: una ciudadanía que no cuestiona es el terreno perfecto para cualquier poder que prefiera obediencia antes que crítica.
No hace falta un gran complot para entender lo que ocurre. Basta con observar: educación debilitada, debate público reducido a consignas, información fragmentada y emociones sustituyendo argumentos. El resultado es una masa que reacciona, pero no analiza; que vota, pero no siempre decide con claridad. Una democracia así funciona… pero cojea.
Decir que todo es casualidad sería ingenuo. Porque cuando el ciudadano está desinformado, el poder respira tranquilo. Sin preguntas incómodas, sin exigencias reales, sin rendición de cuentas efectiva. La ignorancia no solo limita, también domestica.
Pero tampoco se trata de absolver a la sociedad. La pasividad tiene costo. Consumir información sin verificar, repetir discursos sin cuestionar y convertir la política en espectáculo es abrir la puerta a la manipulación. El poder puede empujar, sí, pero también hay quien decide no resistirse.
La advertencia es clara y directa: una sociedad que no piensa es una sociedad que otros piensan por ella. Y ahí no hay democracia que aguante.
“Despierta”, dice la consigna. No como eslogan, sino como urgencia. Porque mientras unos ven venir la tormenta, otros siguen creyendo que todo está en calma. Y cuando reaccionen, puede que ya sea demasiado tarde.
¡Es cuanto!
