Guadalupe Robles

  1. Vestirse ridículamente. Si bien en modas no hay reglas, en política sí. La ropa que se viste es un mensaje que el político manda al público. Los viejos manuales aconsejaban sobriedad y buen gusto sin ostentación. Un traje bien cortado, una corbata discreta, zapatos brillantes. O las llamadas guayaberas en tiempo de calores. Pero hoy el frenesí y la variedad de las modas se imponen. Aun así, cuídese el político de vestirse con exageración. No a todos les sientan bien las gorras, los tenis o los jeans rotos. Tampoco la ropa entallada. Recuerde que, en cada usuario de la red, tenemos a un juez implacable de la moda.
  2. Hacerse el chistoso. En el mundo existen dos tipos de personas: las que son graciosas y las que no. Las que con solo conversar una cosa común la gente se ríe y les festeja. Un político debe saber a qué lado pertenece. La experiencia de vida, seguramente, ya le dijo en donde deba colocarse. Sí no está en el lado de los que tienen el don de la gracia, evítese hacerse el chistoso. Si no tiene ese talento y quiere aparentar ser simpático en un mitin o una entrevista, seguramente hará el ridículo.
  3. Bailar. Son pocos los políticos que bailan y la gente les festeja. Se puede reír y consentir que lo hagan, pero, aun así, en el fondo no los tomarán en serio. Bailar queriendo agradar no siempre es una buena táctica, a menos que quien lo haga tenga una historia de barrio o lo sepa hacer bien. Sabemos que no es fácil conseguir votos y ya en el poder hacer que le quiera la gente, pero piénsela dos veces antes de ponerse a bailar. Más aún si usted no sabe hacerlo.
  4. Creerse tiktoker. El volverse influencer desde la política es una de las grandes tentaciones actuales. Sobrarán consultores, amigos y familiares que le animen a hacer material para las redes sin previo entrenamiento. Puede ser que el experimento resulte, pero si no, usted ha comprado un boleto al ridículo y sus consecuencias. Si bien, político que no está en las redes no existe, tome sus precauciones. Un poco de prudencia a nadie le cae mal.
  5. Hacerse el sabio. No haga creer a la gente que usted lo sabe todo. Aunque tenga buenos asesores, hay temas que merecen ser muy bien comprendidos por ser delicados. Delegue los temas técnicos o los asuntos complejos a sus colaboradores. No quiera explicar lo que no entiende, porque hará patente su ignorancia y con ello hará el ridículo.
  6. Ser mal actor. Sí a usted no se le da la actuación, es decir, no logra convencer con sus expresiones, palabra y sentimientos a la gente, evite tratar de fingir. No llore si no sabe. No finja dolor si es insensible. Todo político tiene que ser en el fondo un actor. Sacar su máscara de tristeza o alegría según sea el caso. Pero si no lo hace bien, mejor no finja.
  7. Ser lo que no es. Usted ha llegado al poder por muchas circunstancias. Pero hoy vive en la era en que ya no hay secretos: ni personales ni profesionales. La gente conoce seguramente lo que ha sido y lo que no. Por ejemplo: No se presente como un ser de orígenes humildes si no lo es. Y viceversa. Puede trabajar sobre su imagen. Resaltar sus virtudes. Pero recuerde que su pasado es público. El verdadero, y el que le han inventado sus enemigos.

Culiacán, Sinaloa, lunes 07 de abril de 2026.

X @guadalupe2003

Por elpiripituchi

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