Por: Rosario Antonio Ramírez

En política, la lealtad suele ser tan frágil como conveniente. Y lo que hoy ocurre entre el Partido Verde y Morena vuelve a poner sobre la mesa una vieja máxima: quien traiciona una vez, traiciona mil veces.

En el escenario nacional, los diputados del Partido Verde decidieron darle la espalda a Morena al votar en contra de su reforma electoral. Sin embargo, en Sinaloa la historia parece escribirse de forma distinta, donde algunos legisladores ecologistas han optado por alinearse nuevamente con el partido que los impulsó políticamente, aun cuando su curul la obtuvieron bajo otras siglas.

El asunto no es menor. Para muchos observadores, la decisión deja al descubierto las contradicciones dentro del propio Partido Verde, un aliado histórico de Morena que, desde hace tiempo, deja entrever su intención de competir en solitario en futuras contiendas electorales. Mientras en la cúpula se marcan distancias, en lo local algunos representantes parecen apostar por mantenerse cobijados bajo el manto guinda.

Pero la política también tiene memoria. En Sinaloa, varios de los actuales diputados del Verde llegaron al Congreso respaldados por la estructura y la narrativa de Morena, aunque formalmente portaban el color verde. Durante sus campañas, pocos hicieron énfasis en las siglas del PVEM; por el contrario, muchos se presentaron ante el electorado como parte del proyecto de Morena.

Hoy, ese doble discurso vuelve a pasar factura. Si los legisladores del Verde tenían entre sus planes buscar la reelección, el panorama podría complicarse. La ley electoral es clara: para reelegirse deben ser postulados por el mismo partido que los llevó al poder, y no es seguro que la dirigencia del PVEM esté dispuesta a respaldar a quienes, a ojos de algunos, ya han demostrado una lealtad más flexible que firme.

La situación cobra mayor relevancia en municipios como Guasave, donde algunos de estos diputados buscan mantenerse vigentes en la escena política. Sus aspiraciones de seguir escalando posiciones podrían verse empañadas por la percepción de oportunismo político, una etiqueta difícil de borrar en tiempos donde la ciudadanía observa con mayor atención el comportamiento de sus representantes.

Al final, la política se mueve entre alianzas, conveniencias y estrategias. Pero también está el juicio del electorado. Y será justamente el ciudadano quien, llegado el próximo proceso electoral, decida si respalda nuevamente a quienes hoy navegan entre colores y proyectos, o si opta por perfiles que demuestren mayor coherencia entre discurso, partido y compromiso con la gente.

Porque, al final del día, en política las traiciones no siempre se olvidan… y las urnas suelen tener la última palabra.

¡Es cuanto!

Por elpiripituchi

Fundador y Creador del Sitio