Entre Veredas 

Marco Antonio Lizárraga

“La capacidad de entusiasmo es signo de salud espiritual”, Gregorio Marañón (1887-1960) Médico y escritor español.

PANORAMA ACTUAL

Sinaloa ha entrado, sin declararlo formalmente, en una etapa preelectoral que marcará el rumbo político del estado en los próximos años. 

No es una exageración: 2026 ya se mueve con lógica de antesala rumbo a 2027. Los actores lo saben, los partidos lo sienten y la ciudadanía lo percibe, aun cuando no haya campañas ni boletas sobre la mesa.

El primer dato que debe asumirse sin rodeos es que Morena parte como la fuerza dominante. Hoy controla el gobierno estatal, buena parte de los municipios y mantiene una narrativa de continuidad con el poder federal. 

Eso le da una ventaja estructural innegable. Sin embargo, esa misma posición lo coloca bajo una lupa más severa: ya no compite desde la oposición ni desde la promesa, sino desde el ejercicio del poder y sus resultados.

Y ahí aparece el primer gran reto para quienes aspiran a representar a Morena: defender una gestión en un contexto complejo, marcado por episodios de violencia, percepción de inseguridad y desgaste institucional. 

La pregunta que enfrentan no es menor: ¿cómo convencer a un electorado de continuidad cuando el entorno social sigue siendo frágil?

Para la oposición, el panorama no es menos complicado. PAN y PRI, debilitados estructuralmente, enfrentan una disyuntiva que definirá su viabilidad: o reinventan su discurso y liderazgos, o quedan atrapados en la irrelevancia electoral. 

La crítica al oficialismo, por sí sola, ya no alcanza. El electorado sinaloense ha demostrado que castiga tanto la incompetencia como la falta de propuestas creíbles.

En medio de este escenario aparece un actor silencioso, pero decisivo: el votante indeciso y desencantado. Ese segmento que no milita, no defiende siglas y observa con escepticismo a todos. 

Ahí se jugará buena parte de la elección. No con discursos grandilocuentes, sino con propuestas claras, viables y, sobre todo, con rostros que transmitan confianza.

El segundo gran desafío es la seguridad, un tema que atraviesa toda la vida pública sinaloense. Ningún aspirante podrá evadirlo. No bastará con prometer coordinación o repetir fórmulas nacionales. 

La ciudadanía exige respuestas locales, diagnósticos realistas y liderazgo político para enfrentar un problema que impacta la economía, la vida comunitaria y la participación política.

Este contexto obliga a los candidatos a algo que no siempre están dispuestos a asumir: hacer campañas con responsabilidad, cuidando no solo su imagen, sino también la integridad de sus equipos y estructuras territoriales. 

En Sinaloa, la política no se vive en abstracto; se vive en calles, colonias y comunidades donde la violencia es una experiencia cotidiana.

Otro reto central será la credibilidad. La política sinaloense arrastra un desgaste profundo. 

Promesas incumplidas, gobiernos que no logran conectar con la realidad social y una percepción persistente de impunidad han erosionado la confianza ciudadana. 

Quien aspire a gobernar deberá entender que ya no basta con ganar una elección: hay que reconstruir legitimidad.

En este punto, el papel de las instituciones electorales también será clave. Garantizar condiciones de equidad, seguridad y transparencia no será un trámite administrativo, sino una prueba democrática de alto riesgo. Sin árbitros confiables, cualquier resultado será cuestionado desde el origen.

Sinaloa se encamina, así, a una elección que no solo definirá nombres, sino modelos de liderazgo. 

La pregunta de fondo no es quién ganará, sino qué tipo de política quiere y tolera la sociedad sinaloense. Continuidad sin autocrítica, oposición sin proyecto o nuevas figuras capaces de leer el momento histórico.

El proceso que viene no admite improvisaciones. Para los candidatos, será una prueba de madurez política. 

Para los partidos, un examen de supervivencia. Y para Sinaloa, una oportunidad —quizá una de las últimas en este ciclo— de replantear su relación con el poder, la seguridad y la gobernabilidad.

Porque, al final, el desafío no es solo ganar elecciones. Es estar a la altura del estado que se pretende gobernar.

A TIEMPO 

Los primeros días del Carnaval de Mazatlán no solo marcan el pulso de la fiesta más importante del puerto; también se han convertido en el primer gran termómetro político para la administración municipal que encabeza Estrella Palacios Domínguez.

En lo inmediato, el saldo es positivo. El arranque del Carnaval ha transcurrido con orden, control operativo y una logística que ha permitido que miles de personas se apropien nuevamente del espacio público sin incidentes mayores. En un contexto estatal complejo, ese dato no es menor y se traduce en capacidad de gobierno.

Para Estrella Palacios, el Carnaval funciona como vitrina y prueba simultánea. No solo exhibe la habilidad de su administración para coordinar seguridad, servicios y movilidad; también proyecta un mensaje político claro: Mazatlán puede y sabe organizarse. La alcaldesa entiende que la fiesta es mucho más que entretenimiento: es economía, identidad y percepción pública.

Sin embargo, el reto no termina con un buen inicio. El Carnaval también expone el estilo de gobierno. Se observa una presidenta municipal que apuesta por el control, la imagen y el manejo fino del evento, consciente de que cualquier error tendría un impacto inmediato en la narrativa del puerto y, por extensión, en su propio capital político.

El desafío de Estrella Palacios es convertir el éxito del Carnaval en algo más que una postal. La fiesta suma puntos, pero no sustituye la política pública. La ciudadanía celebra, sí, pero también observa. Lo que hoy es aplauso puede convertirse en exigencia cuando termine el desfile y regresen los problemas cotidianos.

En ese sentido, el verdadero valor político del Carnaval no está solo en su desarrollo, sino en lo que viene después. Si la alcaldesa logra que este evento se lea como parte de un proyecto de ciudad —y no como un episodio aislado—, habrá fortalecido su liderazgo. Si no, el Carnaval quedará como un acierto momentáneo.

Por ahora, Estrella Palacios supera la primera prueba. El gobierno cumple. La fiesta avanza. La política, como siempre, empieza cuando baja la música.

marcoantoniolizarraga@entreveredas.com.mx

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FEB 17 2026

Por elpiripituchi

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