El silencio que construye una región

Vianey Contreras

El silencio que se busca en la región del Évora no es un vacío, es una tregua necesaria. Mientras el fin de año se asoma, un patrón emerge con claridad: la transición consciente del estruendo al orden. No es coincidencia que las campañas contra los disparos al aire coincidan con el éxito del canje de armas o la firma de convenios para sanear deudas históricas de agua. Todo apunta a una sociedad que intenta, con urgencia, cambiar el miedo por la certeza.
La seguridad hoy no solo se mide en patrullajes preventivos, sino en la entrega voluntaria de artefactos que antes eran motivo de orgullo y hoy representan un estigma. Sin embargo, este anhelo de paz choca con realidades económicas persistentes en la costa. La pesca de manta, una tradición de cuatro décadas, languidece ante la falta de mercados, recordándonos que la estabilidad social también requiere de platos llenos y comercio justo para quienes extraen la riqueza del mar.
Desde la vacuna felina hasta las jornadas de limpieza comunitaria, el hilo conductor de la jornada es la corresponsabilidad. El Évora despide el año entre el murmullo de las oficinas de recaudación y la risa de los niños en las comunidades rurales que reciben festejos decembrinos. La síntesis es clara: estamos aprendiendo que la verdadera fiesta no nace de la pólvora, sino de la capacidad colectiva de cuidar lo que es de todos.

Por elpiripituchi

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