
Cortesía al frente: “La ejecutoria de una sociedad respetuosa”
Jesús Ibarra Ramos
No existe sociedad alguna que se pueda sostener únicamente por leyes o instituciones, todas requieren un toque de cortesía y respetar la dignidad del otro.
El invierno ha llegado a Sinaloa, se termina el año y aún seguimos viviendo en medio de una vorágine. La gente en estas fechas navideñas, más que irse de fiesta y recibir regalos, anhela la llegada de días alciónicos, que conforme a la mitología griega es cuando el mar se vuelve tranquilo -calma excepcional, momentos de serenidad- para que el ave pueda anidar, es decir, los sinaloenses anhelamos paz.
Pero así como deseamos la llegada de esos días alciónicos, también soñamos con dejar atrás la era trampantojo, donde todo parece estar firme y en realidad es frágil, un escenario que daña a la sociedad.
En tiempos donde lo que menos existe es la tranquilidad, donde todo es ruido y prisa, la cortesía es vista como una virtud moral activa, algo heroico en tiempos de degradación ética, es una forma de resistencia, una manera de expresar a los demás su importancia y valor.
En palabras de Enrique García Maiquez, cuando la cortesía pasa del discurso a la práctica la llaman “ejecutoria”, un conjunto de méritos, obras y acciones que dan identidad y perfil de una persona.
No basta con discursos emotivos, ideologías y apariencias -trampantojo-, lo que verdaderamente define a los seres humanos es su ejecutoria, su responsabilidad moral, sus actos, su congruencia, la verdad, el respeto y la cortesía, que al heredarlos a su familia y sociedad siembran cultura, amor y paz.
No existe sociedad alguna que se pueda sostener únicamente por leyes o instituciones, todas requieren un toque de cortesía y respetar la dignidad del otro. Y sobre todo, son necesarios los días alciónicos, esa paz con la que soñamos no es una utopía ingenua, los invito a construirla a diario con ética y voluntad, heredemos lo mejor de nosotros mismos a nuestros hijos, a Sinaloa. Es tiempo de devolver valor a nuestra política, a nuestro trabajo, a nuestra ciudad, aunque no luzca, pero que pese más que el trampantojo.
