
Dos maneras de cuidar del desarrollo de la infancia
Vianey Contreras
Dos maneras de cuidar del desarrollo de la infancia
Dos maneras de cuidar del desarrollo de la infancia
En Salvador Alvarado, los parques infantiles cumplen, pero apenas. Los juegos muestran desgaste prematuro: pintura vencida por el sol, resbaladillas ásperas y columpios que dependen más del ingenio de los padres que del mantenimiento municipal. Las áreas verdes, aunque presentes, suelen estar desparejas, con pasto seco en temporada crítica y basura que tarda en retirarse. No es abandono total, pero sí un mantenimiento reactivo: se atiende cuando el deterioro ya es evidente. Para una ciudad que presume vocación familiar, la infraestructura pública no termina de corresponder a la vida comunitaria que tanto presume.
Navolato, en cambio, ha logrado mantener parques más estables y funcionales. Los juegos recientes se notan: estructuras más firmes, áreas verdes cuidadas y un programa de rehabilitación que, aunque irregular, ha permitido conservar espacios más dignos. No es un municipio con abundancia presupuestal, pero sí con una lógica más clara: intervenir antes de que el deterioro sea irreversible.
La comparación deja una lección: la calidad de los parques infantiles dice más del municipio que de sus presupuestos. En Salvador Alvarado falta planificación; en Navolato aún falta equidad territorial. Si los espacios donde juegan los niños están marcados por desigualdades, también lo estará la comunidad que crecerá en ellos, porque la infancia no solo necesita parques.
