Siete rasgos de un político narcisista

Guadalupe Robles

Creerse el más grande. El poder eleva y aleja al político narcisista del piso. Le nubla la vista de la realidad. Se siente superior y se vuelve un ser hambriento de halagos. Y siempre hay acomedidos que cumplen a plenitud este trabajo. Termina convencido que es el más grande y mejor. Que no se equivoca y que, si se equivoca a juicio de los demás, lo hace premeditadamente.

Ser autoritario. Control y dominación son los elementos indispensables de todo político autoritario. También una cerrazón discursiva y una intolerancia a las expresiones que le contradigan. No siente la necesidad de justificar sus ideas y sus criterios. Así son y basta. En el narcisista el espíritu autoritario anida las más graves necedades. No le gusta el debate de las ideas ni los argumentos.

No ser empático. Los sentimientos y emociones de los otros poco importan al político sin empatía. Es un ser frío y aferrado a sus ideas cerradas y obtusas. La indiferencia es su traje y su estilo. Se aleja de la realidad porque su realidad no admite matices ni réplicas. Su vicio es culpar. Justificar sus acciones desde el desdén hacia lo que padecen los demás. Ni sentir remordimiento por ello.

Hacerse el mártir. Todo político autoritario y narcisista se vuelve un mártir arrogante. Así justifica su imposición e intolerancia. Así también construye su narrativa como víctima del odio de sus enemigos. Esos enemigos que lo son también del pueblo. Por eso exige que se le reconozca su sacrificio por los demás. Y de paso deja que se le relacione y compare con los verdaderos mártires de la historia.

Tener derecho a mentir. La mentira tiene mil caras. Es un comportamiento tan humano como lo humano. Es un instrumento político para legitimar el poder y manipular a la gente. Pero el político narcisista siente que tiene derecho a mentir, porque su misión es tan grande e importante, que debe ocultar la verdad pues esta serviría a los enemigos de la causa. A los enemigos de la gente. Entonces mentir se vuelve su derecho.

Exigir ser admirado. Para el político narcisista la admiración hacia su persona por parte de los demás no puede ser sólo espontánea: debe ser exigida. Para eso está el partido, los gobiernos y los aliados. Todos ellos no pueden ser adoradores pasivos o tácitos. Necesitan expresarlo en público. Ostentosamente y sin rubor.

Aplicar la doble moral. El narcisista político suele tener dos caras: lo que exige a los demás y lo que se exige él mismo. Es implacable para exigir cuentas a sus opositores, pero benevolente con sus comportamientos. Los errores, la corrupción y la incongruencia siempre está en los otros. Moral dura para los demás, moral blanda para sí mismo.

NOV 24 2025

Por elpiripituchi

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