
Siete leyes sociales que el político debe saber
Guadalupe Robles22 de Septiembre de 202505:36 hs
1. La ley del malhumor. La gente vive en un permanente malhumor. Duerme mal y poco, se enferma con frecuencia, se endeuda, gasta más de lo que gana, tarda más en trasladarse a su trabajo, casa y escuela. El tiempo ya no alcanza para tanto. Vive en un estrés permanente. Tiene miedo; se deprime. Se entera de todo, de todas partes y en todo momento: es esclava de las redes sociales. Vive las noticias terribles, las frivolidades, las desigualdades, las riquezas de unos, las miserias de otros. Padece de estrés permanente, no sabe lo que quiere. ¿Quién va a estar de buen humor con todo eso?
2. La ley de la queja. Es hija de la insatisfacción con el contexto que se vive. Es el desahogo que produce el malestar ante una realidad que se percibe negativa e injusta. La queja siempre busca culpables, y evade la revisión crítica propia. La política, los políticos y los gobiernos, monopolizan la acusación social. El ciudadano bueno contra los políticos malos. Esa es la narrativa más cómoda. Y la más usada. Ellos son los principales culpables de lo que nos pasa. De lo que no logramos, de lo que no podemos ser.
3. La ley de la deuda. La gente nace, crece y se endeuda. No hay de otra: si no, ahí nos quedamos soñando. Pero la deuda es madre de la depresión personal y familiar. De la insatisfacción. Lo queremos todo y lo debemos todo: casa, automóvil, ropa, colegios y universidades; los plasmas de sobra por nuestras casas; la adopción de nuestras mascotas. Endeudar un verbo con una conjunción universal: yo me endeudo, tú te endeudas, todos nos endeudamos.
4. La ley de la novedad. Somos seres hambrientos de novedad. Nuestros dedos pulgares son testigos de las impaciencias ante las redes sociales. Un segundo, dos segundos de atención, son toda una eternidad. Lo nuevo dura segundos. Las noticias viajan a una velocidad asombrosa. Una nueva noticia sepulta casi de inmediato a otra.
5. La ley de la atención. ¿Qué merece hoy realmente nuestra atención? ¿Qué es para nosotros lo importante? ¿Cuánto tiempo dedicamos a reflexionar lo que queremos o lo que nos importa? Vivimos en un mundo apresurado en el que la atención la monopolizan las grandes plataformas digitales: de siete a nueve horas diarias ante las pantallitas de nuestros celulares. Adiós pensamiento crítico.
6. La ley de la dispersión. Estamos en todo y en nada a la vez. Somos seres dispersos. Lo criticamos todo, lo consumimos todo, lo olvidamos todo. Pareciera que a los ciudadanos hay que llenarlos de contenidos. Amplísimos y dispersos contenidos para no poder formar críticas generalizadas.
7. La ley de sobreinformación. ¿Qué es cierto y qué es falso de lo que vemos? ¿Qué ciber juradonético lo podría determinar? Vivimos la utopía de la red. Una promesa de futuro que nunca logra afianzarse. Tan efímera como nuestras conclusiones sobre lo que nos ofrece la información. O más bien, la sobreinformación.