
Siete razones para que un político lea literatura
Guadalupe Robles
- Para conocer la condición humana. Un buen político debe conocer al ser humano: sus pasiones, contradicciones y miedos. También la envidia, la soberbia y sus ambiciones desmedidas, los pecados favoritos, pues. La literatura da cuenta de los sótanos y los esplendores del ser humano. Sus risas y sus tragedias. Un político no tiene derecho a la ingenuidad. Nunca debe renunciar al romanticismo de creer en un mundo mejor, pero también tiene que ser un realista. Ahí está la literatura para enseñarle.
- Para entender la política. La política está en todas partes: en la familia, el trabajo y por supuesto en la literatura. Ésta, también da lecciones de política. Ahí están las obras de Shakespeare o Eurípides. Y cientos más. La literatura es un reflejo de la vida y también de la política. Un político puede conocer desenlaces y sus soluciones o fracasos en la propia literatura.
- Para saber de historia. Un político que no conoce la historia mínima es un político incompleto. Nada hay nuevo bajo el sol, dice el Eclesiastés. Lo que aparenta que es inédito en la política ya sucedió en algún lugar y en algún tiempo. Por eso luego vemos políticos que creen que han inventado el hilo negro. Hablan a cada rato de acciones fundacionales. De la primera vez en la historia, según ellos. Nada de eso. Por eso hay que estudiar la historia.
- Para conocer las pasiones de las personas. La política es una pasión. No se puede ejercer de otra manera. No es para espíritus titubeantes. No es para temerosos. Es muy fácil verle de lejos. Criticarla es un deporte mundial. Histórico. Pero la política saca lo peor y lo mejor de las pasiones humanas. La política es el teatro donde conviven la nobleza, pero también la envidia. La soberbia y la humildad hipócrita. La suerte y la virtud.
- Para verse en los otros. En la cosa política no hay buenos o malos inevitables. Es decir, no hay puros. La maldad y la benevolencia son conceptos relativos. La política no hace o buenas o malas a las personas. Los que llegan a la política ya traen sus pasiones en su equipaje. Sus defectos. La política siempre es un microscopio para mirar de cerca a los otros. Los otros que somos nosotros mismos.
- Para enriquecer su lenguaje. Quien lee produce ideas. Tiene reflejos para la discusión. En la literatura hablan cientos de personajes. Acercan ideas, reflexiones y conversaciones que son un reflejo de la vida. El lenguaje y los razonamientos se enriquecen. Por eso, luego se nota cuando un político ha leído y cuando no. Un político que lee, no puede ser aburrido.
- Para ser un mejor político. Hay quienes hablan interminablemente y no dicen nada. Repiten frases que todos los políticos dicen. Dos o tres ideas y nada más. Hay que ampliar el lenguaje. Para ser un buen político habrá que leer literatura. Al menos eso han hecho los políticos más grandes de la historia.