BENJAMÍN BOJÓRQUEZ OLEA

COLUMNA: SOBRE EL CAMINO 

Las grietas de la democracia. 

Pocas veces en la historia reciente de la democracia había ocurrido un suceso que llevara a replantear la manera en que los partidos y los políticos se acercan al ciudadano de a pie. Tal vez podríamos hablar de dos momentos de igual impacto: el primero, cuando en la década de 1930 se empezaron a utilizar los estudios cuantitativos para conocer en profundidad a los electores, y el segundo, más recientemente, con la irrupción de las nuevas tecnologías. En el primero de los casos, los partidos y candidatos tuvieron información de primera mano que les permitía segmentar el mensaje por nichos de población y ser más efectivos a la hora de comunicar a través de los medios masivos que empezaban a dominar la escena social a gran escala. En el segundo, la democratización de la información hizo que cada ciudadano pudiera elegir las fuentes de noticias y se derribaron los muros que los separaban de los grandes poderes. La pandemia de Covid-19, determinada así por la Organización Mundial de la Salud (OMS) el primero de marzo de 2020, introdujo una nueva ruptura en la capa social, lo que en la ciencia política anglosajona se conoce como “deavage”. Era claro, tras seguir de manera cada vez más cercana las noticias que venían de China y enfrentar en América Latina el primer caso registrado el 26 de febrero, que la manera en que nos relacionamos iba a cambiar. Ya no solo en cuanto a la enfermedad misma, sino a las interacciones sociales y particularmente –que es lo que nos ocupa- a la manera de hacer política. La pregunta que se nos venía a la mente siempre, y a la que no le hallábamos respuesta, era ¿cómo enfrentar desde la institucionalidad política esta nueva realidad? Al final llegamos a la conclusión de que, si bien era improbable que alcanzáramos todos los temas, si podríamos acercarnos con un brochazo inicial a los que más impacto inmediato podrían tener. Porque, tal como ocurrió en los primeros días con las encuestas y las nuevas tecnologías, con esta pandemia de 2020 estamos viendo solo la punta del “iceberg” y será necesario reinventarnos en muchos campos para entender primero cómo comportarnos como seres humanos, y luego, como animales políticos, según la definición de Aristóteles. Si bien quienes hemos sufrido las consecuencias biológicas del coronavirus somos los seres vivientes, la democracia ha padecido sus rigores y pocas amenazas habían sido tan peligrosas en los últimos años. Sin duda nuestro sistema político también se infectó y para recuperarlo necesitamos una alta dosis de credibilidad en las instituciones (que ya se venía perdiendo), para evitar que aquellos que aprovechan algún asomo de debilidad se cuelen por las rendijas para menoscabar la confianza ciudadana en la política. Según el último estudio del Latin American Public Opinión Proyect de la Universidad de Vandervilt (2018-2019), solo el 57.7 por ciento de los latinoamericanos apoyan la democracia como sistema político y social. Es decir que vivimos en una región donde casi la mitad de la población no respalda el sistema de nos rige. Esa cifra aterradora haría saltar las alarmas de solo pensar en los otros sistemas que podrían llegar a permitirse si año tras año sigue bajando el apoyo. No es descabellado imaginarnos como cercanas las amenazas populistas que ya surgen al amparo del descontento que se ha creado alrededor de la política y los políticos en los últimos años. 

GOTITAS DE AGUA:  

Pensando en abarcar una amplia gama de necesidades, nos planteamos este análisis en dos partes: una que mira precisamente la institucionalidad que tanto ha costado proteger y otra que se encarga de analizar a la luz de las nuevas técnicas la relación entre política –ciudadanía. Por eso, somos unos convencidos de que solo a través de la institucionalidad podremos dejar de lado el espejismo a través del que pueden llegar los populismos. Creemos firmemente en los partidos políticos como operadores del sistema democrático y reconocemos que, con las imperfecciones que puedan tener, son la mejor contención a vanidades personalistas. Ponemos este análisis a disposición de la comunidad de nuestro país interesado en la política, con la esperanza de aportar en medio de tanta incertidumbre a una nueva era de relación entre ciudadanía e institucionalidad. Saldremos delante de esta pandemia, tanto las personas como los partidos políticos. “Si cierran la puerta, apaguen la luz”. “Nos vemos Mañana”

Por elpiripituchi

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