Sobre el camino
Benjamín Bojórquez Olea.
Parecería evidente que una condición para gozar de credibilidad y de autoridad moral, tanto en un plano individual como en uno gubernamental, es la congruencia de las acciones que se realicen. Ahora bien, en política la noción de congruencia no puede entenderse como mera coherencia lógica. Al hablar de congruencia se alude automática o implícitamente a un conjunto de ideales, valores y principios que son, por decirlo de algún modo, las premisas constitutivas de un gobierno autóctono. Se es congruente o no con una historia, un desarrollo y un porvenir determinados. Estos factores que, por así decirlo, conforman el marco ideológico más general de un estado, no se improvisan ni pueden alterarse cada sexenio. Más bien, tienen que ver con lo que podríamos denominar la “esencia” del estado en cuestión. Esto podrá parecer general o inclusive vago, pero, si lo aceptamos, permite al aplicarlo al caso de Sinaloa derivar ciertas moralejas y lecciones que son de importancia no desdeñable, si lo que queremos, claro está, es tener gobiernos dignos de crédito y confiables. Cambiar de forma ipso facto deteriora el transito legal y antepone riesgos si no se tiene sentido común. Esta situación que vive actualmente los gobiernos locales y principalmente el estatal en Sinaloa no justifica mantener un equilibrio tanto en las autonomías y en los hechos claramente políticos. Algo que debe cuidar el jefe del tercer piso. Me propongo brevemente argumentar en estas líneas en favor de la idea de que a la esencia sinaloense pertenece, en primer lugar, el juarismo y, en segundo lugar y por razones obvias, una muy especial y compleja actitud (desconfianza, dependencia, apoyo, abusos, etc.) No afirmo, desde luego, que estas facetas de la cultura política local sean las únicas dignas de tomarse seriamente en cuenta al momento de examinar la política del gobierno. Sostengo, sin embargo, que Sinaloa no podría ser entendido sin estos dos rasgos y, por lo tanto, que pretender afectarlos, atentar en su contra (para limitarlos, cuestionarlos, modificarlos o repudiarlos) es precisamente intentar modificar en profundidad la naturaleza de lo sinaloense. Es por ello que para nosotros resulta sumamente inquietante toda política gubernamental que, de uno u otro modo, entre en conflicto o genere tensiones con eso que podríamos llamar ‘elementos constitutivos de nuestro ser’, en lo que a vida política concierne. Me parece que cuando ello sucede, independientemente del ropaje ideológico mediante el cual se le encubra o revista, se hace peligrosamente tambalear pilares de gobernabilidad. Como trataré de hacer ver, las recientes políticas de Sinaloa, tanto interna como exterior, se han visto afectadas por incongruencias que, de uno u otro modo, tienen que ver con tensiones entre decisiones gubernamentales. Este es otro tema que debe cuidar a sus 100 días de gobierno, el Dr. Rubén Rocha Moya. Debe, pues, quedar bien claro en las mentes de nuestros dirigentes que, al cederle espacio político al ejecutivo, se está siendo, por consiguiente, de los intereses objetivos de Sinaloa. Es de importancia capital circunscribir lo que debe ser el radio de acción del gobierno, a saber, el ámbito de la escatología y la metempsicosis y, eventualmente, el de la moral personal de sus fieles subordinados. Pero nada más. En este sentido, desviarse de la tradición política equivaldrá a poner en práctica una política peligrosa para el estado y el gobierno que intente implementarla perderá credibilidad, con todo lo que ello acarrea. El gobierno sinaloense no debería ignorar la pugna de su posición, execrables violaciones de derechos humanos. Es demasiado evidente, creo, en qué radica la incongruencia en este caso como para tener que enunciarla explícitamente.
GOTITAS DE AGUA:
Elegir el camino de la paz política, dejando en claro, de que el poder se ejerce, tiene consecuencias sociales ante la opinión pública y sectores que conforman la estabilidad gubernamental. La crítica política tiene siempre otra faceta, a saber, la auto-crítica. Ningún gobierno podrá quejarse del trato que se les depara, mientras tranquilamente permita que se haga lo mismo; no es plausible y al mismo tiempo inmiscuirse en los asuntos de las autonomías del estado. Sinaloa requiere congruencia política, porque de esa congruencia depende su credibilidad y su gobernabilidad. Empero dicha congruencia es algo que solo alcanzará cuando ajuste sus estrategias gubernamentales a los grandes objetivos que la historia ya fijó para Él. Buscar el binomio estructural del estado, es sinónimo de paz política. “Esperemos que así sea, por el bien de Sinaloa”. “Si cierran la puerta, apaguen la luz”. “Nos vemos el Lunes”…