COLUMNA: SOBRE EL CAMINO
Por.- Benjamín Bojórquez Olea.
No mires arriba…
El reto es elevar el nivel de la política y no caer en discursos demagógicos que solo polarizan al país. La gente está cansada de escuchar malas noticias. Entre la pandemia, las nuevas variantes, la inflación, los precios de la canasta básica, la falta de empleo, el crimen organizado, el calentamiento global y la polarización social; la ciudadanía prefiere no ver noticias y conservar un optimismo de que las cosas van a cambiar. El 90 por ciento de mexicanas y mexicanos se sienten optimistas respecto a que el 2022 será un mejor año que el 2021, según el estudio global de Ipsos, Global Advisor Predicciones, que lleva una muestra de más de 22 mil adultos en 33 países, incluido el nuestro. Es como si se tratara de la película de Netflix, “No mires arriba” de Adam McKay, que, aunque pinta una realidad catastrófica, es preferible no verla y mantener la esperanza de que habrá una solución. Asimismo, revela la incapacidad de nuestros políticos para hacer frente a los problemas, construir una cortina de humo y tratar de salir avante. En la agenda nacional, los temas que se discuten entre Morena y la oposición son la Reforma Eléctrica y la Revocación de Mandato, ambos muy alejados de las necesidades e interés del electorado, a menos que con esta reforma las tarifas de luz realmente bajen, pues para la gran mayoría de la gente la única preocupación es resolver el día a día y que su familia tenga lo mínimo indispensable para subsistir. Estamos pasando del hartazgo a un discurso político invisible para la población. En este escenario, la comunicación política debe de transformarse y encontrar empatía. El nivel de percepción de confianza de la sociedad en servidores públicos o funcionarios de gobierno es de 13.8 por ciento, de acuerdo a la Encuesta Nacional de Cultura Cívica presentada por el INEGI y el INE. Sin embargo, el 58.4 por ciento está de acuerdo con que los partidos políticos son necesarios para hacer que el gobierno funcione, aunque su confianza y credibilidad para votar está en los líderes. En este contexto, el 77.5 por ciento de la población consideró que para dirigir un país es necesario un gobierno encabezado por un líder político fuerte. Los políticos deben mover emociones y sentimientos, estar en la misma frecuencia que el electorado, pero también debemos exigirles propuestas y resultados; no podemos conformarnos con el nivel tan bajo que tienen para debatir, echándose la culpa los unos a los otros, mientras el país se está sumergiendo en la pobreza. La principal fortaleza de Andrés Manuel López Obrador es su estrategia de comunicación, la gente no lo juzga por el cargo que tiene y los nulos resultados que ha dado, incluso justifica sus errores porque representa al “pueblo pobre” que ha sufrido de abuso de poder y corrupción. Se ha encargado de minimizar cualquier escándalo y salirse por la tangente mediante un lenguaje pausado y coloquial. La gente aplaude que el Día de la Candelaria, el presidente esté comiendo tamales, al igual que millones de familias mexicanas que siguen con esta tradición, aunque el país esté pasando por la peor crisis económica en los últimos veinte años. El mismo caso pasa con Samuel García, gobernador de Nuevo León y su esposa, Mariana Rodríguez, quienes en un hecho sin precedentes y totalmente ilegal, sacaron de una Casa Hogar a un bebé en estado de orfandad para pasar un fin de semana con él -como si se tratara de un cachorro- y compartieron en Instagram los momentos más emotivos al lado del infante. Las redes sociales se dividieron: por una parte, están los que señalamos este hecho como reprobable, pues es violatorio a los derechos del menor y por otro, quienes aseguraron que la pareja es noble y generosa con los más desprotegidos. Mariana y Samuel han ventilado su vida privada en las redes sociales, moviendo los sentimientos de la gente y haciendo empatía con ellos. La gran pregunta es, ¿por qué la sociedad prefiere ver al Presidente comiendo tamales el Día de la Candelaria o a Samuel García y su esposa con un bebé huérfano, en lugar de informarse sobre la Reforma Eléctrica, la inflación o las cifras alarmantes de muertes por Covid y de la misma delincuencia organizada? Porque mueven sentimientos, porque al igual que la película “No mires arriba” manejan una realidad emotiva que suena más romántica que la cruda verdad. Como lo describe Fernando Bustos Gorozpe en su artículo “Lo que el fenómeno Mariana Rodríguez explica de la política mexicana actual” publicado por The Washington Post: la capacidad que tiene la influencer para hablarle a las masas y viralizar lo que dice en las redes sociales, tiene que ver con exponer su aparente autenticidad. No solo se trata de exponer su vida privada, es el poder de mover emociones.
GOTITAS DE AGUA:
Quienes nos dedicamos a la comunicación política y al análisis tenemos el gran reto de elevar el nivel de los contenidos que ofrecemos en las redes sociales, no caer en esos discursos demagógicos que solo polarizan y generan divisiones. La sociedad no los quiere consumir, porque no cree en los políticos, no les mueven emociones, no resultan empáticos ni auténticos. Trabajemos en construir un discurso en el que nos veamos los unos a los otros como parte de un mismo equipo, uno que mueva sentimientos, sea propositivo y realmente quiera sacar adelante al país. “Si cierran la puerta, apaguen la luz”. “Nos vemos Mañana”…
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